El Pampa

HIJO DE LA NOCHE

Cuando la luna refleja su palidez en los jagueles negros y profundos de mi memoria, allí te encuentro.
Voy al paso lento, tejiendo huellas inciertas de penumbras.
Voy escapando bajo estrellas secretas escondidas entre nubes moras, de tormenta.
Las noches inmersas en un largo e interminable insomnio, invaden todo alrededor.
Tu piel oscura se confunde con el horizonte, con la tierra, con la nada misma.
Con el cuenco del alma.
Paleteo al moro que bufa, molesto por el empeño inútil en llevarlo sin rumbo hacia el oscuro horizonte núbeo de tu piel.
Noche de caballos moros que avanzan hacia el brillo de tus ojos españoles.
Noche de sueños oscuros que trepan por el contorno tibio de tu piel pálida.
Soy viajero de tu pampa tersa.
Viajo en el tiempo de tu ser, en los límites de tu cuerpo.
Soy el hijo de tu amor, de tu pasión, de tu ilusión.
Soy el hijo de la noche.
De tu vientre puro e inmaculado.



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