Miguel Ángel Peñafiel Miranda

DÉJAME HACER A DIARIO MI TRABAJO

 

Déjame hacer a diario mi trabajo; y si las horas amadas por verte me pueden superar, no olvidaré la fuerza que me hizo quererte empezando por lo bajo: las horas dulces y las otras veces que me supiste enamorar.

Aún recuerdo las horas brillantes que por primera vez te vi; caminando hacia la entrada soñando hermosa te mantenías en silencio, y yo por buscarte el habla te pregunté como te llamabas? Y una luz brillaba dentro de mi, y le prometí a mi pronto corazón enamorarte despacio a tiempo lento.

Aunque tu mundo no me conoce; puedan que mis pensamientos y acciones sean como los que mantienen amigable conmigo mismo, te diré que levantes tus ojos hacia mi rostro y entonces: notarás las estrellas y te darás cuenta que es el mismo infinito.

Dame unos segundos, sólo unos segundos para poderte demostrar;
Que mi amor por lo que soy en las llamas sigue ardiendo más, dame una esperanza para enseñarte lo que te he venido a mostrar: que mi camino es el tuyo para caminar tranquilamente y así poderte amar.

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