Alberto Escobar

Marcel Proust

 

 

Proust es el ejemplo eterno
de la literaria quietud.
Regreso a la juventud.
Primavera en invierno.
Notas en blanco cuaderno
Llenan sabores y olores.
Infancia, vagos primores
que acuden a la llamada,
deslizada a la alborada
de recuerdos y rumores.

 

Añoranza enterrada en el alma.
Viajes en el tiempo al conjuro
de un olor, un sabor, una visión.
Leer caminando con Swan.
Navegando al claror mañanero
sobre la estela que deja la letra
pronunciada al ritmo del sopor.
Embriagarse de paz, de ayer.
Patios con pozo, agua fresca.
Limoneros, moreras que moran
en la noche de verano.
Vapores que humean, despertar.

 

Magdalenas, losas de Venecia
que nos traen a la memoria
memorias que ya existían.
Frase de la Sonata de Vinteuil
que nos cerca en trance.

 

Proust, la sensibilidad y el arte.
Proust cíclope de las letras.
Monumento a la posteridad.
Siempre presente, mirando al
pasado, de reojo al futuro.
Presente, pasado y futuro no
significan más que un instante.
El instante que emerge de la
casualidad, que surge de súbito.

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