angelillo201

Retablo de exclusión, acto II, Si quiero, acto I el sueño.



Retablo de la exclusión, acto II, Si quiero

 

I

Las campanas sonaron llenas de altas esperanza tras las ventanas.

¿ Quién las escuchara en una encrucijada?

Vibraron las oportunidades con su ondulada canción.

Al abrir la puerta,

cientos de personas enlutadas en su corazón,

decían si quiero.

Firmaron todos juntos desaparecer a la primera oportunidad,

que vibrara con su con su ondulada canción.

Alegremos nuestros corazones bajo mantos negros.

¿ de verdad estamos seguros de decir si quiero cuando suenen las campanas?

 

 

II.

En la feria de la recuperación económica, todos los días carnaval radiofónico de detenciones por corrupción, testimonios de desheredados por la fortuna contando sus vivencias en el arroyo, y buenos datos de la marcha de la economía. EL guiso mental cae sobre las empanadas de los excluidos. Se cuela por el telefono, casi mago, la esperanza del estado. Raro es la mañana que algún desocupado no sufra la impertinencia de los funcionarios repartiendo la fortuna de las citas.

Cita de asistenta, cita de orientadora, cita de entrevista con el concejal de empleo, cita citadora, citados todos a la hora.

y a esa hora de revuelto de pobreza que se despachan con consejos. Vista usted limpio, curriculum impecable,  los papeles arreglados, puntualidad , alegría como si fueran ustedes a una boda. Que le vean entusiasta dando vítores y repartiendo arroz.

Rápido, rápido, los papeles que llega la novia, un contrato para seis meses en el ayuntamiento de vall d´uixó.

Corteje cortesmente a la enamorada.

Primero inclinación, luego beso puro en el culo , y las palabras de agradecimiento que espera la enamorada:

Si quiero.

 

Retablo de la exclusión. Acto I, el sueño

 

Aquí llega el 1 de Mayo,

aquí llega el 1 de Mayo,

y tu propia  voz te dice:

Estás condenado.

con está música en mi mente desperté más herido que cuando me lance a descansar. Una sensación de represión corporal y claustrofobia en el alma albergaba los primeros momentos del día, donde rechazaba la vida exterior. EL techo sobre mi cabeza cada vez más agrietado parecía una tumba que se abriera al cielo. Allí estaba, rodeado de terrazas en una gran explanada blanca frente a las murallas de la gran ciudad. Parecía un paraíso terrenal, cada mesa con su sombrilla y las mesas llenas de comida ligera y bebida. Yo me contaba entre mis amigos hablando de cosas cotidianas.

Todos conocían de mi problema:

que yo no podía como ellos pasar la gran puerta de la ciudad amurallada.

Mi enamorada amiga, mi ideal de mi, ella de rubios cabellos y nombre de la más pura, estaba radiante tomando martinis. sin embargo, pase a esa escena de paz, yo me sentía entre ellos dolorido en mis pasiones. Herido por dentro, donde la herida escocia y me empujaba como un animal agraviado en dirección contraria al cazador. Yo  atacaba a mi escozor, la represión estaba cangrenada en mi cuerpo. En un esfuerzo para que no se notara mi corazón entre mis amigos, me levanté para pasar a la ciudad amurallada donde cientos de personas pasaban por gran puerta rodeada de dos torres con almenas donde pendían los pendones al viento con los colores e insignias de mi  ciudad.

Una enana calva y con sotana, guardián de la gran puerta de la ciudad al verme me grito.

Tu no puedes pasar.

Las grandes puertas se cerraron con gran estruendo y tocaron las trompetas, asomaron los arqueros dispuestas a asaetarme si insitía en atravesarla.

Yo rodeaba el muro, tocando con las manos la muralla. Caminaba y caminaba, hasta que de repente ,vi mi casa. Asustado entré, y al entrar en el sillón estaba mi amigo Pedro, sonriendo junto a mis perros.

Te compro la casa para que te vayas de aquí- me dijo.

No puedo Pedro, no puedo irme- le contesté con lágrimas.

Venga que te invito a tomar algo-

así me sacó a la calle y caminamos hasta un bar.

De repente, vi que estaba en la gran ciudad. ÉL se fue ,y yo ya  solo empecé a caminar maravillado al ver los capiteles y las esculturas románicos y góticos. Todo eran palacios, museos, universidades ricamente decorados. El tesoro para la humanidad de esa ciudad era incalculable, y sus habitantes eran gente riquísima si vivían en un lugar así. Una sombra sentía que me perseguía. Una sensación de quebrantar la ley, el orden jerárquico restablecido, al estar yo entre esa gente de un estamento notablemente superior. Yo los miraba con admiración y con temor. Poco a poco fue creciendo en mí alma palabras contra mi. Vete, vete de aquí intruso, no debes estar entre estas personas civilizadas y superiores. recuerda quien eres, donde vives y que no has terminado nada. vete, vete desgraciado miserable, no puedes estar más entre ellos.

Basta mi amo, alma mía no me atormentes más y guía- me decía.

Así fui a barrios cada vez más tortuosos llenos de gente de aspecto de anarquistas, incendiarios, ninfomanas casadas, perroflautas, terroristas panfletarios, delincuentes, alcohólicos. Ellos me reconocían y me aclamaban:

príncipe, príncipe Angelillo, ya estás en casa.

Loor a ti, hossana en el cielo.

EL 1 de mayo debes guiarnos.

si saber si fue un sueño o estaba despierto ,  escuché:

Aquí llega el 1 de Mayo,

aquí llega el 1 de Mayo,

y tu propia  voz te dice:

Estás condenado.

Angelillo de Uixó.

Comentarios1

  • Verso&prosa

    Buenisimo, un abrazo..



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.