Julián Valdés Vásquez

El Reencuentro

Nívea posabas entre el portón,

cabizbaja lucías el sedoso castaño,

palpitares trémulos, momentos de antaño;

hechicera avivabas mi temeroso corazón.

 

Sudorosas las palmas me secaba yo,

densa saliva suspicaz descendía,

confirmaba el temblor la triste utopía

de tenerte en frente y no llamarte amor.

 

Lívido oculto anuncié mi presencia,

enaltaciste ante mí fina morbidez,

clavaste en mis ojos tu embriagante miel,

reclamaba la tez en mi piel tu ausencia.

 

Tú sonriente yo cautivo

mejilla y mejilla rozamos los dos,

sufrían mis labios la indiferencia atroz;

tu querer de ensueño eterno fugitivo.



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