Diana Cosma

el pecho azul

 

y el mar me besó en la frente, diciéndome

con la voz del silencio entre sus olas

que yo no iba a salir viva de esa

tempestad de luces, fríos y deseos;

que solamente sus corrientes importaban.

en sus brazos de agua,

yo era una mera miga de pan

para una gaviota que no era más

que una gota de sudor en la barbilla del sol

y nada de lo que alguna vez me había herido

era más que una nota falsa en la kalimba

de un sueño que solo parecería atrevido

hasta que mirase las estrellas.

 

el mar es la madre más cruel

que habría podido escoger -

la que más me manda

a vivir hasta que no quede

ni una sola sonrisa

no regalada.



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