Alberto Escobar

Montevideo

 

 

Recuerdo mi estancia en Montevideo

como un regalo que recibí del cielo

envuelto en celofán y lazos rojos.

¿Te acuerdas que vagábamos por 

las calles al vapor del pan de munición

que nos tocó comer, sin monedas en

los bolsillos?

Dormía en los mejores divanes que se

me ofrecían en los frondosos parques, a

la sazón artríticos por el frío invierno, 

tras un vagar profundo por una urbe que

me envolvía con su encanto casi gótico.

¿Te acuerdas del día que entramos en

un restaurante para desayunar las sobras

del día anterior y nos supo a gloria?

Fueron mis mejores vacaciones. Viví.

 

Desnudo, entregado al acaso. Sin miedo.

 

 



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