yeimirojo

MI ANGEL



 

Una mañana el sol no apareció por mi ventana, mis días se convirtieron en penumbras, en las noches mis lágrimas parecían un mar desolado y yo, solo sentía dolor. Mi corazón palpitaba rápido cuando despertaba de los sueños en que veía cómo se alejaba el amor de mi vida, todas las noches soñaba algo diferente, solía verlo subiéndose a un bus con una maleta negra, corría para alcanzarlo pero era imposible. Con sus miradas de tristeza se despedía de mí y en otro sueño que tuve con él donde sentí su presencia, fue simple pero me rompió el corazón, yo estaba en mi balcón y él en otro, estiraba mis brazos para tocarlo, mientras él cruzaba los suyos.

En mis sueños no pude tocarlo y menos abrazarlo me veía al espejo, mi cuerpo perdía peso, ya no brillaba cómo antes, mis ojos parecían dos hoyos oscuros sin salida, parecían un pasillo de oscuridad eterna. Recuerdo que una tarde salí del trabajo, me subí al bus para ir a casa y me senté, de un momento a otro en un lapso de tiempo corto desde que me había sentado, empecé a escuchar vallenatos románticos todo mi ser estaba vulnerable desde que comenzó la melodía, comenzaron a brotar lágrimas de nostalgia no me podía detener; al lado mío se encontraba un señor, este sacó un pañuelo blanco, sin decir una palabra, — gracias—. Solo le dije entre dientes.

Tan pronto me bajé del bus me dirigí a un teléfono público, busqué en mi bolso una moneda de $200 y le marqué, él contestó, — ¡me alegré mucho!—. Pero su voz era fría, la indiferencia era evidente y con un inmenso dolor en el alma colgué, así pasaron dos meses de dolor y sufrimiento, cada día me alejaba más de él y mi alma cada vez más destrozada. Una noche entré al chat quería distraerme, me empezó hablar Andrés un chico maravilloso que me encontré en esa fría noche, me preguntaba mis gustos y a qué me dedicaba... Era algo como una entrevista y amaba su forma de ser, yo también le hacía preguntas, me llegó a contar qué estaba haciendo las prácticas de zootecnia, que en poco tiempo terminaba para poderse graduar, y que estaba en una finca de Angelopolis (Antioquia, Colombia) haciendo lo que le gustaba.

Me contaba que uno de los sueños de él, era terminar su carrera y poderle ayudar a sus padres. Era muy tierno, todos los días hablábamos, las conversaciones eran amenas y sanas, en un corto tiempo se ganó mi confianza y le conté por lo que estaba viviendo que no veía el sol, que estaba sumergida en tristeza que cuándo me acostaba no quería despertar jamás. No me criticaba, siempre me sacaba sonrisas, sus consejos me motivaban. —Cuándo te despiertes, dibuja una sonrisa en tu rostro y verás que las nubes se disipan para darle paso a su propia luz, cuándo vayas en metro no olvides saludar con una sonrisa en tus labios y tendrás el mundo rendido a tus pies...— Me decía.

Él me transmitía toda la buena energía que tenía para brindarme, siempre  estaba ahí y cuándo yo más lo necesitaba aparecía con sus chistes y lindas palabras, hablábamos del día en que nos íbamos a conocer en persona, me emocionaba. Tanto que soñaba con ese día y lo planeaba, era mi anhelo, el 24 de diciembre nos conectamos para desearnos la feliz navidad, yo había terminado de ayudarle a mi hermana de hacer la natilla. Le conté a él. —Mi niña me guarda que en estos días voy por esa natilla— Me dijo, reí mucho esa tarde con él por sus lindos y absurdos chistes, siempre tenía una frase o un texto que me lo dedicaba y me hacía reflexionar sobre la vida, me escribió muchas veces una frase que es la que nunca olvido y tengo presente <<la vida es muy valiosa cuídala>> nos despedimos, pero no pensé que por tanto tiempo...

Esa semana no me pude conectar al chat, lo extrañaba, pasó el 31 de diciembre, el 1 de enero y le mandé un mensaje deseándole  feliz año, pasaron dos días y no me respondió, lo extrañada y estaba decidida a entrar a su perfil, había muchos mensajes de sus amigos, preguntándose  por qué se fue, por qué nos dejó. Mi cuerpo temblaba y en un momento se paralizó, al leer todos esos mensajes de dolor, en privado le escribí a una chica que tenía el mismo apellido de él, le pregunté ¿qué le pasó a  Andrés? Ella me respondió <<el 30 de diciembre sufrió un accidente en su moto, y murió>>, así fueron sus palabras, frías como el hielo.

Me desconecté y me acosté en mi cama a llorar luego de recibir esa atroz noticia, me formulé mil preguntas: ¿por qué a él que amaba su vida? ¿Por qué no a mí? Esa semana pensaba en él y hasta lo vi en sueños, él me miraba y se reía conmigo, era hermoso sentir nuevamente  eso, pero al despertar, la amargura volvía de golpe, volvía sin importarle ver a una mujer rota y acabada. Ya han pasado cuatro años y todavía duerme en mi corazón... Nadie ha reemplazado sus letras, nadie hasta el momento me ha comprendido, nadie  ha valorado mi tiempo ni mi espacio como lo valoraba él. Hoy me queda un bonito recuerdo de mi ángel de la guarda, porque cada vez que mi tristeza vuelve a saludarme y yo me maldigo, hay una voz a lo lejos que me dice:

 <<Levántate y se fuerte esa es usted>>

 

Todos los derechos reservados por la autora.



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