Saturno.

Cariño mío.

Sabios aquellos que hablan del amor,

murmuran para sí sobre las almas y los besos,

desafío al más osado y encaprichado  soñador,

a resistirse a este dulce montón de versos.

 

 

¡Atiende, cariño mío! eres tú quien suscita  mi delirio,

desnudas mi alma y enloqueces mis sentidos,

 ni el más bello poema o el más colorido lirio,

invadirán mis pensamientos como tus melodiosos silbidos.

 

 

El brillo de tus ojos almendrados, la ternura de tu sonrisa y la gracia de tu cabello rizado,

acompañan ferozmente la divinidad de tu esencia,

anhelo ver la conmoción en tu rostro delicadamente ruborizado,

ante un acto de efímera y acaramelada inocencia.

 

 

Eres brutal y  desquiciadamente hermoso,

casi un majestuoso caos en medio de la victoria,

noble varón envidiablemente misterioso,

que reside sepultado  en la profundidad de mi memoria.

 

 

 Sublime cielo nocturno acompañado de luna llena,

repleto de brillantes y pequeñas estrellas,

eres más fascinante que la luz serena,

que regala el lejano astro mientras tú junto a él destellas.

 

 

Me he vuelto sabia por hablar del amor,

por esbozar tu dicha en mi mala poesía,

correría el riesgo de que fuese un error,

amarte con inmensa y lunática alegría.

 

 

 

 



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