diegoelhumanno

Una pequeña historia

Ese instante en que la vi, cuando se acercó a mí a ofrecerme su cigarrillo. Ese leve momento de silencio, de lejanía entre los dos. Bastó para entender que, al final; en la lucha de estos años apasionados, había conseguido la victoria. Esa que siempre anhele desde el primer momento en que la vi y supe que mi corazón ya le pertenecía, por cuestiones que jamás entenderé. En mi interior sabía que estábamos unidos por el pasado y que parte de la oportunidad de entender el mundo, era entender el amor. Un amor infinito que se corta en mis palabras, en cualquier vano intento por explicarlo o tan sólo nombrarlo.

 Sólo era amor. Era el amor lo que la vida quería que yo entendiera, el único maldito propósito por el que este maldito mundo giraba tanto en mi cabeza, era el amor. El jodido amor.

Sabía que mi victoria consistía en haberme ganado para siempre la lealtad de su cariño, de su amor. Esa era mi victoria en esta vida, en estos años caóticos intentando darle un sentido a todo esto que había sentido, y que vivía con cada levedad de su cercanía.

Esa forma suya de moldear mi mundo sólo podía permitírselo una fuerza divina. Y supe que a su lado, encontraría mi parte más humana. El maldito amor. Sabía que todo esto se trataba de un simple juego de Dios.

Al partir, en la brevedad del momento, contemplando su figura taciturna envuelta entre la sombra de la contra luz. Alejándose de mí con la seguridad de quien lleva consigo un talismán que le cuidará la vida. Se fue, entró y cruzo la puerta, entrando simbólicamente a lo más profundo de mi corazón, aun mucho más profundo de lo que la lejanía de la ilusión alcanzo a contemplar alguna vez... Y a pesar del idilio trascendental. Su figura no dejó de impactar mi recuerdo, sus cabellos largos y ondulados serpenteándose con el viento. En un discurso mágico donde su esencia era la belleza.

La belleza de su amor, ese amor que sólo un hombre se atrevía a entender una vez en su vida.

Ella era el amor. Ella era el dolor.

Y yo la amaría por el resto de los días.



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