Mallez

El Mar

 

Déjame oír tu canto estando a solas
fascinado al mirar las estrellas,
y que puedas levantar tus olas
que en la arena mueran con mis huellas.

Con la fuerza en que caen tus olas
magnificado en aquellas peñas
donde descansan las caracolas
tan blancas, sonoras y pequeñas.

¿Qué hay más allá de tu horizonte?
¿Dónde naces vasto y tan fecundo
como el cielo donde transparente
eres nube que recorre el mundo?

¡Altivo eres! Y la luna clara
que arrullada en tu infinito vaivén
en cada noche se te declara
en el ritmo marino de tu desdén.

Deja que en ti pose mi velero
y vaya en tu sosiego nocturnal;
navegar en tu mundo yo quiero
hasta el naciente astro sol matinal.

¡Mar!, ¡Océano de tantos secretos
en que la muerte se halla escondida
en la sombra donde están los muertos
cuya esperanza se halló perdida!

¿Quién con todo podrá contenerte
y quitar la ley de tus límites?
Yo quiero con mis ojos poseerte
aunque sólo en lágrimas transites.

Enamórame como al marino
que absoluto en ti confía su vida
y da gracias porque fue y vino
de su mismo punto de partida.

Déjame cerrar mis ojos, ¡Oh!, ¡Mar!
Moja mis pies en la inmensa calma
donde te pueda otra vez encontrar
y te diga las cosas de mi alma.

Adiós, pues, cantor de grandes proezas.
Cómplice de la alegría y pena
como la espuma con la que besas
mis pies descalzos sobre la arena.

 



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