Wellington Rigortmortiz

* Inocencia Maldita, la Estúpida Levedad de mi ser, en Trova (una verdad que llega por si sola)

 

Una sonrisa

bañada y envenenada

de un sarcasmo

al cual no se

si maldecir

o, todo lo contrario,

dibuja irónicamente

de una felicidad absurda

mi rostro,

todos tus recuerdos

dejaron de ser

alimento esencial

para mi lastimada alma

y las ilusiones tontas

se transformaron en dudas,

en cabos sueltos a atar,

enhebrando cada uno

me sentí

como un forense romántico

enamorándome

del afán por descubrirte,

cuando el amor muere

los sentimentalismos

desaparecen por completo

y ya no eres importante

para mí,

sin dolor y pudor alguno

esculco completamente

toda tu alma

y los sentimientos banales

que experimentaste

con mi alma ilusa,

y en cada descubrimiento

que hago, atónito

me sorprende la cruel verdad

sobre tantas mentiras,

jamás estuve equivocado…

todos mis sueños

y presentimientos

siempre fueron verdaderos,

bien fundados,

y, pensar que pedía perdón

por decírtelos y sentir

que te lastimaba,

que te ofendía, …

ja!, ja!, ja!, me miro reflejado

en un espejo sucio

y me reprocho

todas mis actitudes,

todos los sentimientos

mas las acciones nobles

que tuve contigo;

de todo,

solo en algo tenías razón,

no eras,

ni eres la mujer para mí,

nunca estuve ni en tus planes,

ni en tu alma, solo mentiras

más la traición, infieles

todos tus sentimientos,

aun así,

de nada me arrepiento,

así, se supone es la vida

y de esa manera

se aprende a existirla,

a comprenderla

y quizás entenderla

aunque todo me de igual

ahora que solo reina

un hastío visceral en mi ser;

que iluso fui!...

y pensar que tuve

muchas veces

la oportunidad de escapar,

pero el pensar

que por fin

alguien definitivamente

me podía salvar

hizo que me quede

columpiando embobado

en tus palabras y promesas,

inocencia maldita

jamás te culpe por algo,

más responsable si te hago

por haberme convertido

en tu cómplice

confabulándome

en un instante

a matar la belleza

más grande

que posee el ser humano,

la vida!...,

mas ese pecado grave

lo llevo por ti

en mi alma,

así deseo que sea,

una vez más mi iluso amor

te da una prueba más de lealtad,

así me despido de tu cadáver

a disección

tan hermoso y marchito

recostado sobre la cruel

plancha metálica

que tu sola reemplazaste

dejando atrás el calor

de las sábanas más sencillas

que se empaparon

de tu aroma y sudor,

la seda es solo

para los mediocres;

por fin entiendo el por que

de tu silencio,

a nadie lastima ya,

adiós bruja del amor,

adiós enigma furtivo,

adiós…en las manos de dios

encomendé tu espíritu

y el mío.

*

Cuanto dolor

me causa

tu inocencia maldita,

silencio

que emula

al morbo

entre la soledad

y el tiempo,

crueles fantasmas

que hielan

el alma y la carne,

dios,

que sea

yo quien muera!;

cuanto

hubiese deseado

que en aquel instante

de amor profundo

la muerte

celosa amante

sorprendiera

con sus fríos abrazos

mi vida,

cuan fácil

habría sido soportar

hoy el abandono

inexplicable de tu ser,

que sencillo habría sido

alejarme del dolor

que muchas

acciones tuyas

me provocaron,

jamás habría tenido

que preocuparme

por tratar de entenderlos

desesperadamente

sin hallar una solución

que me permita asesinar

al silencio, a la soledad,

a la distancia, al dolor;

las heridas de tus dagas

que cruelmente insertaste

en mi alma

son muy difíciles

de quitar, no cicatrizan,

las llagas

y prefiero sean recuerdos

de amor, de vida

en mi destino,

la lección divina

que necesita mi inocencia

al pecado iluso

de haber sido y ser

un amante fiel

en tu infierno.



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