DesastreToxico

Moribundo amor

¿Podría seguir deseando aunque me hayas hecho tanto daño?

Tal vez él miraba mis trasparentes ojos con su objetivo de dolor.


Recordando lo mágnifico que sería dejar una huella propia, un recuerdo más en sus memorias: el hecho de tener un cuerpo desnudo al lado para abrazarle, besar y escucharle. Un cuerpo que te anhela y te ansía lleno de placer...


Tal vez grabado, llamándolo "Dulce amor. Mi nena de los ojos claros".

Procurando que lo nuestro, lo mío, se quedara con él. En su boca, sus palabras, sus gestos, y sus lágrimas.

Haciéndome callar y avergonzarme de ello.

Avergonzárme sobre nuestras noches de luna caliente, nuestros gemidos ahogados en los calores de nuestros cuerpos y fríos en el ambiente.

Avergonzárme de nuestro futuro cuando le dije que sí, que quería una vida a su lado, aún poniendo a la suerte que todo podría terminarse.

Ah... lo siento vida mía, pero no neguemos que éso no lo fue.

Me recordaste cada noche hacerte saber que era sólo tuya... que mis placeres y mi espíritu te pertenecían, haciendo insignificante nuestros espacios, nuestras libertades.

No digas que por las noches no me extrañas,

que mi ausencia se hace presente en tus segundos de soledad,

tu pecho se siente vacío sin el calor de mi pelo castaño sobre él... Sin el gemido que contesta tus suaves roces.

A veces estos mismos pensáres me llevan a preguntarme qué tan delicado es el otro cuerpo que tanto tocas, si también ellas son capaces de dedicarte sus letras,

y las palabras que usan el mismo placer con el cual yo lo hacia.

Tal vez sea el egoísmo al decirnos que nos queríamos.

Mi interior diciendo que jamás iba a extrañarte y vos gritándo que me amas.

No sigas mintiendo, vida mía.

 

 

K.J.C 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.