Ae-don

Aterido trópico

Mis pasos; lentos, tristes y pesados me llevaron por la senda 

Larga senda, caminé por años, pensé no encontrar conclusión 

Después de tan extenso caminar encontré a mi apreciada musa 

Al abrazarla pensé que un suspiro del azar la rompería 

Anduve por ella con cuidado pues en antaño fui un lunático 

Tan agorero como siempre, pensé que aquel tren desbocaría 

 

Gran velocidad alcancé, tan rápido no podré contemplar

Radiante y cegadora aquella luz, ¿será lo por venir un sol?

Es cálido, tan ardiente me quemará, no me quiero abrasar

Aléjate de mi, radiante estrella, perdóname si te enfrié

Esta orquesta no la puede dirigir tan llano socapiscol

Acaso no pretenderás que sea yo el último que se ríe

 

Raudo me dirigí a la luna, donde sí podría contemplarla

Su liviano pero intenso resplandor aún me mantiene vivo

Interminables mis lágrimas; podrían llegar a seducirla

No es mi intención pero como egoísta; vivir no fue suficiente

Me despido de ella aunque aguardo que no me de su indulto

Al abrir aquella puerta... ¿quién pensó que sí volvería a verte?



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.