Santiago Miranda

A.A.M.M IV

-Dice el cielo, mi carne tornasolada

Es todo vuestro mar (abierto) confuso

Aire volcado por todos los tiempos

De tierra entremezclada, navega el hombre

 

Es un árbol ahora de lo que fue un arbusto

Enarbolando complejas entidades, uno

Más uno nos plegamos, el frío, el hambre

El sueño, nominado guardián (allí) del fuego

 

Brotaron retoños fuertes y seguros

-el cielo procuraba resguardar tales pilares-

Pero aún antes de mi venida hubo un orden

-cómo dirás, -es posible un orden antes del caos-

 

Uno de nosotros, un rugido; tomó el lugar del líder

/caído/ Sin temor a dar muerte, el trémulo, el espasmo

Doblegó nuestras rodillas, el desacato es penado, a muerte

Él que era el hijo el más fuerte, del golpe, a muerte

derrocado ael abismo, el lamento más anciano

 

Despedimos la onda, adoptamos el rayo

Como signo lógico /_  nos callamos

   En lo partido, fulgor /  de la violencia a

 

Ser rasguño, destellar colmillos natos,  el poder no

es algo que se tenga entre las piernas o manos, se ejerce

a gritos, a rasguños, a muerte pero no amenazas vanas

La organización es un circulo concéntrico donde el calor

       Perdura sobre el cielo –nada nuevo- mañana hubo sol



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