Araceli Vellber

34.

Y quisieran hablar mis ojos a los tuyos

para decirte

que la vida no siempre fue bella,

pero fue contigo,

y sin ti, da igual la hora

no hay muñeca, que pueda soportar el peso

de un reloj sin espera.

Y tan loco, como tan cuerdo

para no seguir de cerca tus pasos

para no mirar atrás

salvo que haya olvidado las manos,

porque al final La Muerte no debe ser tan mala,

cuando todo el mundo acude a ella.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.