Wellington Rigortmortiz

* Frankenstein

 

Tantos códigos,

tantos signos, señales,

esperanzas y temores

sobre la vida

se presentan en mi mente,

pasan por mi alma;

la enfermiza ingenuidad

boba de mis sentimientos,

buscó descubrir un secreto

que no existe, el misterio,

solo estaba dentro de mi;

…experimente

sin ciencia alguna

mantener para la eternidad

algo que estúpidamente

idealicé, algo, que creí

me ayudaría a trascender

fuera de lo que

se conoce como normal,

aquello, que tanto hastío

me producía en el amor

y en el profundo amar.

 

Con retazos

de sentimientos heridos

y mal curados,

los recuerdos cadáveres

dentro de mi

daban forma a un ser

que quería ser perfecto,

para después trasladarlo

a un cuerpo extraño

que pensé no poseía alma,

pues, vacío parecía ser

en esa condición;

…jamás juzgue en ese ser

ajeno a mí su extraña

belleza dadaísta,

al igual que yo,

sin ciencia alguna,

ella también

daba forma dentro de si

a un extraño ser;

…ambos buscábamos

el secreto de la vida

en el amor y el amar,

un secreto que no existe.  

 

Los dos experimentamos

nuestras vidas pasadas

en varios seres

indistintamente,

experimentamos creando

dentro de cada uno,

seres lejanos a una perfección,

transformándonos simplemente

en monstruos, mutantes

enfermos crónicamente

con la metástasis

de recuerdos cadáveres,

tortuosos sentimientos dolidos

y mal curados, ambos

le dimos vida a estas

deformes almas que

balbucean suplicando

con duda y dolor

una identidad,

una oportunidad de entender

lo que son; con estas almas

implantadas mutuamente,

por cada experimento

perdimos el alma única

que Dios nos dio,

jugamos a querer ser Él,

nuestra penitencia ahora

es vivir bajo la sombra

de esos seres que

con tanto cariño creamos

dentro de cada uno,

y que sacaron

lo peor de nosotros

en el amor y en el amar,

en la vida.

 

* Anexo (El Monstruo)

 

“…creí haber descansado

en paz cerebralmente,

e incluso espiritualmente,

pero me han traído

inexplicablemente

de nuevo a la vida,

mi corazón late distinto,

ya no es cálido, solo tibio,

el respirar con cada aliento

es una farsa absoluta, eso

es lo único

que puedo entender,

el peso de los pecados

y las culpas ajenas

recayeron fuertemente

sobre mí,

una roca desgastada

por la erosión del tiempo

es mi alma, no pertenezco

a estos cuerpos

que los recuerdos

me han endosado,

jamás pedí volver a la vida,

creí estar descansando

en paz cerebralmente,

e incluso espiritualmente,

pero, me han traído

inexplicablemente

de nuevo a la vida,

ahora, camino

tras de mis creadores,

somos enemigos íntimos,

esperando solo el momento

de deshacernos

con un odio visceral

el uno del otro,

porque no resulte ser

como se deseo que fuera,

y porque yo, jamás

pedí que se me trajera

de vuelta a la vida”.

Comentarios2

  • maria1314

    Interesantes y diferentes versos, me gustan.

  • Onelia Lor. Kaede

    Me ha encantado el final. Saludos.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.