Arsenio Uscanga

De un hereje, para el Creador y el Padre.

Para Don Arsenio, con completo amor...


Para mi padre, con absoluto amor libertario..


A Dios, de parte de un hereje al que no lee ni escucha, pero del cual tiene lo poco que tengo de fe..

 


Mi padre solía decir que Dios nunca interviene en las nimiedades y suplicas menores que nosotros sus hijos elevamos, aquel ser omnipotente al que la bisabuela Adela, una mujer férrea de convicciones y de fe inquebrantable, le había enseñado a alabar de manera mecánica al grado de poder recitar el Padre Nuestro, el Ave Maria y mil un cánticos más sin apenas pensar en ello, no era más que un ente que supervisaba de manera indiferente la vida de los seres humanos, interviniendo a veces de manera arbitraria para bien o para mal, en realidad no importaba si era un perjuicio, con el tiempo y poseedores de una fe demasiado grande, se llegaría a la conclusión de que el Señor habría puesto en nuestro camino un mal necesario, poco importaba si la quiebra de la empresa familiar llegaba en el preciso momento en el que un cáncer de páncreas hacía su aparición, el hecho de sobrevivir a tan onerosa enfermedad, gastado hasta el último centavo, sin páncreas y recortado parcialmente el intestino delgado a causa de la metástasis, le daba a la situación el adjetivo de milagroso, y entonces uno, macilento y demacrado, podría hallar gracias al Lord, una enseñanza de vida y renacer a la nueva luz, entendiendo que el valor de la misma no procede de los perdidos bienes materiales sino de aquellos que por compasión, amor o lastima permanecieron a nuestro lado, no había episodios de infortunio o suerte que no pudiera adjudicarse Dios, no importando que tanto pudiera esto contravenir la teoría de mi padre, tiempo después comprendí que Dios tiene las de ganar/ganar.
"Si no estudias, si no trabajas, si no haces el pinche intento por aprender las tablas, no va a bajar a socorrerte Jesús, la Virgen Maria, todos los santos o el mismísimo Señor en el examen, y dudo que aún menos en la madriza que te voy a dar si lo repruebas, así que ayúdate, que Dios te ayudará."- Exclamaba en ese tono inflexible y rígido que rápidamente hacía notar, primeramente, el peligro que corría mi integridad, y por último, que si alguna vez Jesús incluyo en sus enseñanzas las palabras amor, comprensión y empatía, la cabrona de Doña Adela las omitío por completo, limitándose al campo de la teoría. Y escribo cabrona sin haberla conocido, porque de esa manera se refieren a ella los vástagos de mi abuela a quien he apodado "La Dama de Hierro", de quien hablaremos luego, cuatro varones y una mujer de los que la bisabuela fue institutriz, jueza y verdugo, si en cierto punto de la historia familiar había resquemores por no coincidir en ciertos temas polémicos, hablando de Doña Adela, sobrevenía un mismo referendo; "Putaaaaa, si tu abuela ha sido y es una mujer difícil, esa cabrona ¡era cabrona y media!"
Como siempre, mi padre demostraba su sabiduría ancestral, ninguno de los dioses paganos o los sacros beatos cristianos intervino en alguna de las golpizas que me propinó, las veces que más se asemejaban a un milagro eran aquellas en las que mi ángel de la guarda ponía un asunto de por medio, y entonces me daba chance de santiguarme y prepararme mentalmente para la aporreada que me esperaba, con el tiempo, llegué al entendido de que aquello era más un martirio que un alivio. En esas épocas como manera de anular o en su defecto atenuar el castigo, yo oraba de manera inocente aquellos rezos que me enseño mi padre después de una noche improvisada de cuentos sosteniéndome en sus fuertes brazos, sin entender que ningún santo quería( o podía) enfrentarse a aquel ser humano que enojado, parecía un esbirro furibundo. La noche del improvisado primer catecismo recuerdo preguntarle mientras sostenía mis palmas hacía el cielo como era pertinente para el Padre Nuestro: "¿Qué o quién era Dios?" con el aire curioso de en ese entonces, un niño de cuatro, tal vez cinco años, con aire de erudito, mi padre me respondió con ese dictamen que tendrían los progenitores prefabricado una vez que deciden desde el día de nuestro nacimiento que seremos criados bajo las enseñanzas del Altísimo:"Dios es como el aire, lo puedes sentir pero no lo puedes ver".
Aquella explicación bastó para no volver a dudar de nuestro Señor, sumado al mandamiento de que cualquier duda por razonable que fuera, era un acto de blasfemia y por ende, las posibilidades de retozar en el paraíso prometido se disminuirían con cada dardo interrogante. Sin embargo no fue suficiente ante el primer golpe que me dio la vida, si bien la relación con mi creador terrenal no ha sido excelente gracias a mis excelsas cualidades como hijo problema, había gestos de amor que dibujaba de vez en cuando, de tanto en tanto cuando sentía que la mano se le había pasado, Papá me sentaba en su regazo con los ojos enjugados de lágrimas y me pedía perdón por dejarse llevar por su carácter iracundo explicándome que a él jamás en su vida le habían enseñado a ser cariñoso, o quedaban esos domingos en los que de manera repentina se levantaba y pasaba todo el día en la cocina preparando manjares para disfrutarlos en familia, también estaba la manera en que defendía a su oveja negra, cuando la familia vertía sus precauciones sobre lo peligroso que sería no meterme en cintura a tiempo, recuerdo aquella charla en el rancho de los abuelos después de las vacaciones de verano en las que decidí que si iba a ir allí, seria unica y exclusivamente para lo que estaban destinados esos días, ¡vacacionar chingada madre!, aquella resolución me trajo problemas y cuando mi padre se dispuso a ir por su dulce retoño alguien lanzó la cariñosa frase "Si no acompañas a tu hijo, no lo quiero aquí, nadie tiene la voluntad y paciencia para meterlo en cintura". Debo admitir que esperaba una madriza al llegar a casa, pero en lugar de eso me golpearon sus ojos vidriosos que manifestaban hasta donde había llegado su decepción, acto seguido, me hizo un recuento de todos aquellos sitios en los que yo me había cerrado las puertas, aquel discurso era su último intento por salvar a una rupia en constante devaluación, y ¡funcionó!, al verano siguiente volví a los terruños de los abuelos y la frase final fue otra, mágicamente yo había aprendido la importancia del trabajo aunque tristemente desde entonces, siempre por motivos laborales, no he vuelto a mirar el árbol repleto de guajilotes, ni a Moneda( la yegua del abuelo), la multitud de primos, tíos y parientes, o el patio que siempre estaba tapizado por las flores verdes del cuajilote, ni siquiera a los abuelos. Mi padre si bien era siempre duro hacia mi cada que cometía errores, tenia el poder de reprenderme haciéndome sentir valioso y la capacidad casi olvidada de abstenerse de adornar al amor con palabras y reforzarlo con hechos.
Sin embargo, a mis seis, siete años, ¿quién sabe hace cuánto de esos días?, yo hallaba refugio en Rogelio, el por todos querido Tío Rogelio, un hombre bonachón cuyo carácter siempre alegre te hacía permanecer en un ambiente de calma y plenitud, qué lejos me hallaba yo del escarnio familiar a su lado, beberme un Jumex de Mango mientras me explicaba, sentados en la batea de una camioneta roja, los nombres de las plantas, o atrapaba una catarina para mi, o simplemente nos sentábamos a comer unas empanadas de guayaba y contemplar los matices del cielo ceder al paso del tiempo, todo esto constituía para mi el entendimiento de que se puede ser feliz en cualquier parte del mundo, si uno esta rodeado de las personas que ama. Aquella felicidad fue espontánea porque apenas pude percatarme de ella, desapareció, esas vacaciones nos despedimos con la promesa de vernos pronto para celebrar mi inminente cumpleaños, tres días después del mismo, la llamada del Tío llegó desde quién sabe dónde para recordarme que no había olvidado nuestro pacto.... Un día, un accidente de tráfico lo postro en cama y finalmente su vida se apagó ante los rezos y el dolor de todos los que lo queríamos. No verlo en el hospital, convaleciente, es algo que debo agradecer a mis padres, quienes me consideraban muy pequeño para este tipo de experiencias, puesto que la imagen lozana, risueña y amable de él, no tuvo oportunidad de marchitarse. Nunca he entendido como Dios tan omnipotente permite que personas con tanta luz abandonen la vida, la frase tan burda de "haber cumplido con la misión que les ha sido encomendada", me hace pensar en él como un simple mercenario que coloca y retira piezas a antojo, una vez cumplidos los objetivos que les fueron brindados, sin importarle lo que el delegado pudiere sentir, la paradoja de Epicuro en una misera versión personal.
Al paso del tiempo las cosas con mi padre continuaron enfriándose, así, mientras las zonas polares de este planeta se desgajaban por consecuencia del calentamiento global, allí, entre nosotros dos, había una siempre creciente costra de hielo que impedía la comunicación, a cada intento por hacerme escarmentar, correspondía una acción que buscaba retar su autoridad y por consiguiente una respectiva madriza, durante esa etapa, que va de la adolescencia hasta ya egresado del bachillerato, la relación entre nosotros dos no hacia mas que estrecharse o alejarse de manera continua.
Recuerdo hacerme consciente de que las cosas no podrían estar así de mal toda la vida, una madrugada en la que aborde de manera intempestiva un autobús con dirección a la capital del estado, en ese entonces yo había quedado prendido de una chica que tiempo atrás conocí en un viaje, de ojos color miel y blanca piel, de fácil platica y presencia abrumadora, ese día mi padre me sorprendió con un mensaje de apoyo incondicional y me deseo que no saliera dañado de aquella experiencia, yo le di una respuesta que ambos celebramos. Por supuesto que aquello no funcionó, pese a las tantas veces que rece por ella y el "nosotros" que aún ni nunca tendría comienzo, sin importar el interés de ambos por estar juntos, ninguno tuvo el valor de confesarse, ese día, que resultaría uno de los más gratos(al menos en mi imaginativa) termino por ser un desastre a causa de la mala planeación y un mal entendido, resulta que el día que decidí apropiado para la visita, mi musa estaba debatiéndose y repartiendo su vida entre la facultad de Arquitectura y la franquicia en la que ambos trabajamos, así que tuve que conformarme con mirarla durante los quince minutos que se hacía el colectivo hasta la estación de autobuses y allí, despedirnos para siempre. Aquel día al llegar de noche a casa, abatido y con la moral por los suelos, mi padre y yo llegamos al tácito acuerdo de conversar antes de declarar la guerra, lo cual trajo resultados a medias, provocando que de los dieciséis hasta mi marcha definitiva del hogar, yo estuviera saliendo y entrando del hogar por cortos periodos. En esas épocas si bien solía rezar el repertorio que mi padre me había enseñado, me mantenía distante de la religión que se me había heredado, caso contrario a mi progenitor que antes de comer bendecía los alimentos y después del acto se levantaba exclamando sonoramente: "Gracias a Dios y buen provecho", tratando, algún tiempo después en complicidad con mi madre, de encaminarnos por el camino del Señor haciéndonos ir cada domingo a la iglesia...
"Papá ya no cree en Dios, dice que ya no cree" -exclamó mi hermana con la voz y un gesto apagado.
Aquella frase me desconcertó, significaba que en algún punto de su existencia, la fe siempre custionante de mi padre se había desvanecido por completo, aquel hombre que sabia a la perfección el sacro prontuario, ya no rezaba más. La perdida de mi hermana fue, quizá, un aliciente importante, sino es que el detonante definitivo, basta pensar en el dolor que conlleva perder a alguien que has amado desde el momento de su nacimiento, Viridiana era la joya de la familia, una niña preciosa que desde siempre sería la mujer de sus ojos, estudiante aplicada, acróbata y bailarina, de sonrisa gentil y temple de acero, si el Altísimo se la arrebato junto con la juventud de cuatro seres más, fue por hijo de puta completo, tenía tanto para dar que en el momento de su partida me encontré suplicando a Dios que la devolviera a mi padre y al mundo con toda su magnificencia, sin importar que yo estuviera de por medio en aquel trueque. Todo en su partida fue truculento: la muerte en la distancia, los complejos tramites burocráticos, las vísperas de Navidad ennegrecidas, el día de su ahora lejano adiós: la llamada a primera hora del día, despertar y entender que aun ante las grandes tragedias la vida sigue y no se detiene, es curioso como durante el sepelio mi padre permaneció la mayor parte del tiempo en tranquilidad, él, que tenia pleno derecho de desgarrarse las vestiduras, sollozar, plañir, y desfogar todo ese calvario, se mantuvo en completa calma, tratando de tranquilizar a mi hermana (Vale), a mi abuela, etc. Por otro lado, yo que tenía una mezcolanza de emociones destructivas: la perdida de Viri, el nulo apoyo moral de una persona a quien encumbre en la cima del amor desmedido, un trabajo que no me llenaba(pero que la familia consideraba apropiado), la incógnita del futuro, etc. Fui "invitado" a no ceder ante el dolor y mantenerme integro, "por aquello de que mi padre se sintiera respaldado", así que aquel evento junto a las misas que estaban por venir, en las que Vale se abrazaba a mi y sollozaba de manera temblorosa mientras se me partía el alma, fueron la prueba suprema de que como lo ordena el Señor, es posible enfrentar al dolor sin derramar una lagrima, anteponerse a el y sepultarlo en cualquier sitio del cuerpo, aquel día, junto con las lágrimas algo dentro de mi se seco.
Viri, mi chaparra, fue en mi vida el faro que mantiene a las embarcaciones lejos de las escolleras, si bien durante muchos años no fuimos tan cercanos, cuando mi madurez lo permitió, comenzamos un proceso de acercamiento que nos hacia estar a salvo en ese universo para dos, si alguien creyó en mi durante ese periodo autodidacta de descubrir como la vida se manifiesta noble, salvaje, terrible y orgullosa, fue ella.
Puede que superado el bache emocional, pasado el novenario y las sosas misas mensuales durante todo un año, que ¿ayudaron? a enraizar la resignación ante la perdida, mi padre hubiera comenzado su escisión de Dios. Por mi parte, me separé de la familia y mientras Don Arsenio se alejaba del dogma, yo me acercaba de manera cautelosa a la fe que profesaba Jesús, puede que debido a lo complicado del primer año fuera de casa(en el cual pase épocas sin probar alimento, en situación de calle y en complicadas estratagemas de los hampones que desde siempre controlan este puerto que me vio nacer), sabrá Dios si no le recé con ahínco y total devoción que me ayudará a salir de tan complicados embrollos y fue entonces que llegué a la conclusión de que Dios, si es que existía, me había abandonado a mi suerte, quizá por resolver los conflictos de sujetos que estaban al borde de la inanición en África o mediar mediante su tribunal celestial por la resolución de los problemas en Oriente Medio, la frase celebre de mi padre tomaba resonancia ahora más que nunca: "Dios no concede caprichos, ni endereza jorobados", solía repetirme. Si bien deje de rezar el padrenuestro, el salveMaria, y muchas otras oraciones mas, jamás deje de santiguarme y rezar, no por mi, sino por todos aquellos que me eran importantes en la vida, cuando de pronto, me descubrí rezándole a mi hermana con absoluta fe pagana y entablando conversaciones con mi elevada nueva versión del Señor, solo para hablar del día y agradecerle por permitirme ver un nuevo amanecer, las cosas comenzaron a funcionar, y si hace unos ayeres el panorama era sombrío, de la mano de mucha gente importante logre pintarle al cielo nuevos matices, al principio puede que le costara a Dios entender que no sería el quien recibiría mas mis plegarias, porque mientras yo agradecía a Viri que la noche a la intemperie no fuera tan dura, el cielo se llenaba de nubarrones que de manera sorpresiva dejaban caer sus gotas frías.
Cuando el frió de las noches(quien diga que en este puerto jamás hace frió, es porque nunca ha pasado una noche de septiembre a la intemperie, cubriéndose de los ventarrones y la lluvia), la discriminación hacia mi persona por el lastimoso estado de mis prendas (basta preguntar a Ricardo, unos de los hermanos que la vida te regala, en qué condiciones me encontraba cuando él y su familia acudieron al rescate), el hambre, el cansancio acumulado y la desesperanza me hacían pensar que tal vez yo no aspiraba a más de aquello que los sayones me ofertaban, cuando estaba a punto de caer en el infierno (el cual seguramente, me haría amanecer algún día tres metros bajo tierra), la imagen de mi hermana aparecía, recordándome aquellas ocasiones que celebramos mis pequeños primeros triunfos, y entonces, yo adquiría fuerza y a base de trabajo, lograba escalar de a poco en aquella hondonada y acercarme a la luz de mi consciencia.
Todo esto, me ayudo a ir llegando a la pecadora conclusión de que somos dioses terrenales, creadores de todo aquello que nos acontece, incluso de la fe que nos hará pasar de un ser espiritual a uno religioso. Hoy creo más que nunca, que la existencia de un Dios se reafirma individualmente en la manera en que el hombre permita recaer el peso de las adversidades y victorias en sus creencias, anteponiéndolas o apuntánlandolas.
Ahora mismo, mientras termino de escribir esto, papá esta frente a mi, observándome en mi ensimismamiento, ese que muchas veces me hace permanecer ausente en su presencia, aunque ahora todo es distinto, él entiende de eso, sabe que soy una persona que disfruta de su soledad incluso estando acompañado, y entonces cuando mis ojos se llenan de lágrimas por fracasos o yerros pasados, vendrá al rescate con un sonoro "¡Quiobo chiquillo!" y una sonrisa que parece confesarme que pese a no ser el mejor de los padres, como suele repetir, jamas ha dejado de creer en mi.
Quizá algún día pueda reconciliarse con el Creador, hacer las paces y separarse como dos viejos conocidos que han coincidido de manera inesperada en infinidad de ocasiones, quizá en otras vidas su relación sera más sana y menos turbia.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.