Wellington Rigortmortiz

* Mi Niña Mujer II

 

Recostada

una pequeña criatura

en una cesta dibujada

por la luz de la luna

en la perpetua oscuridad

me observa tiernamente

sin entender el por qué

de mi extraña presencia,

de mis tristezas,

solo me sonríe,

mientras lágrimas

brotan de mis ojos,

sus pequeñas

y suaves manos

dibujan el rostro

verdadero del amor

en el mío

al tratar de detener

cada gota de extraño

brillo líquido;

su inocencia no alcanza

a entender el perpetuo

dolor que lleva mi alma

así como el inmenso amor

que aun la mantiene

llena de esperanzas

con su análogo don,

hermosa niña tu eres

lo único que me queda,

el único buen sentimiento

que pude rescatar,

la única visión

que se hace real

en mis lacerantes noches

de soledad mezquina,

en tan frágil

y delicado cuerpo

se esconde un poder

indescriptible,

un poder incontrolable

capaz de construir

o destruir

todo cuanto la rodea,

mientras conserves

tu inocencia

podré estar a tu lado

disfrutando de tu amor

tan verdadero, tan leal,

después, necesitaras

al igual que yo

rescatar esa criatura

que como a mi

hoy me acompaña

y es hermoso consuelo,

aquel espíritu

que es irremplazable,

aquel que es el único

en emular el poder

y el amor del creador,

santificado me siento

con tu alma,

alma de niña, de mujer,

y, antes que termine

una noche más,

nos bendecimos

abrazándonos fuertemente

en la desalmada distancia

mientras empieza el sol

a calcinar todo mi ser

recordándome

la cruel realidad que hoy vivo,

así logra que desaparezcas

de todas mis fantasías,

más recordar

aquellos brazos tan pequeñitos

como trituraban

con todo su amor mi carnación

y sentir sus dulces besos

cuando cae la lluvia

fortalecen mi fe

y toda esperanza;

mi niña mujer

recostada en una cesta

dibujada por la luz de la luna

en la perpetua oscuridad estas,

acurrucándote entre mis brazos

puedo ahuyentar a la muerte,

a la maldad

que siempre nos rodea,

inocentes los dos

solo conocemos

de nuestros sentimientos,

ángeles de acero,

polvo de estrellas,

amor arcano

único de los dos,

aquel que es cúpula y cubre

las miserias de este planeta

lleno de fantasmas,

de monstruos

contra quienes siempre

tendremos que pelear,

amor mío, abrázame

tan fuerte como tu alma pueda,

elévame en mis sueños,

en mis fantasías sobre este faro

que con la luz de la llama eterna

ilumina la mar

y conduce mi galeón

a inciertos puertos y muelles,

ayúdame!

que cada pluma tuya

sirva para engrandecer mis alas,

y cada pluma mía

sirva para las tuyas,

al final podremos volar

sobre el infierno

sin ningún temor

rescatando nuestros cuerpos.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.