J.Marc.Sancho

SE DURMIÓ EL POETA

Se durmió el poeta.

Y la tierra sacudida por un seísmo de cañones

vio cómo se pudría la sangre

entre su corteza revuelta. 

Se durmió el poeta.

Con dos lunas tan abiertas

que el mundo aún contempla en su reflejo

la tristeza.

Nadie supo. Nadie quiso saber

de su vida, de su ausencia.

Más solo que la soledad

más olvidado que una cumbre desierta.

Henchido de ilusiones,

atestado de poemas

con un mal de corazones,

con una angustia que aún se escucha su pena.

Nadie supo cuanto lloró su sentido corazón

en aquellos fríos calabozos,

en aquellas mazmorras heladas

más oscuras que las sombras

más dolorosas que una puñalada.

Con su canto de poeta

con sus alas muy plegadas,

hecha trizas su bandera

con una patria desolada,

se durmió el poeta

un 28 de Marzo

cuando la vida sonriente lo esperaba.

No dejaron que se fuera.

Había que ir a la caza

de aquella estirpe proletaria,

con notorios escarmientos

que la existencia temblara.

Enardecidos de estrategias

les apremiaba crear a aquellas mentes canallas:

nuevos centros de cultura,

nuevas aulas de teatro,

nuevos talleres de pintura,

nuevas salas literarias

en los nichos de los pueblos,

en los cementerios de España.

Se durmió el poeta.

Aquél niño que nadie contemplaba,

aquel zagal a quién abrió los ojos la madrugada,

aquel mozo a quién la libertad lo engañó con ilusorias palabras,

aquel soldado que rozó un porvenir

con sus manos atrapadas,

aquel padre que vio la ilusión en una pira hecha llamas.

Era tanta su nobleza

que no se dio cuenta de que ante él, estaba ese ser calculador

que con su insidiosa prepotencia,

tras una escuadra de fulgentes bayonetas

sin piedad del registro de la vida lo tachó.

 

Se durmió el poeta.

La madrugada del 28 de marzo de 1942

a esa edad temprana, cuando el cuerpo es todo fortaleza,

cuando apasionadamente más se ama.

¡Todo vigor! Como un árbol frondoso

que en su plenitud va dando los frutos más dulces de la vida

talaron su esplendorosa juventud,

para que no sirviera de acicate

a quienes agachados de forma sumisa

trabajaban sin levantar la cabeza ante el patrón,

no fuera que sus miradas lo ofendieran.

Fue esa, la mano atávica que con avaricia

le robó su lozanía, la frescura que denotaban sus mejillas.

 

Se durmió el poeta

sobre un manto de amapolas.

Se lo llevó la eterna primavera

de un país donde la prosapia hipócrita

de la raza íbera ¡que tanta es su queja

y tanta su avaricia!,

nunca ha querido entender

el derecho del trabajador a ser persona.

Aquel día los heraldos de la muerte

tiraron de las riendas de los caballos

guiando aquel carro fúnebre que llevaba la mortaja

de un pobre que confió en las gentes.

Cinco doloridas sombras fue el cortejo que lo acompañara.

Solo la caridad de una menesterosa brisa levantina

dejó prestadas en su lápida unas lágrimas de tristeza.

Su vida se extinguió sin un reconocimiento, 
pues no hubo gozo que iluminara el sueño de una libertad duradera.

Ahora querido poeta

cuando los años han caído como chaparrones

lavando aquella salvaje afrenta,

indeleble pervive tu memoria

sobre la estructura del edificio cultural

más alto del planeta.

Eres como un soplo de viento que despeja nuestras mentes.

Para nosotros los que te seguimos

eres ese amigo que se ha ido de nuestras vidas,

pero que sigue a nuestro lado

buscando la palabra más enigmática que enardezca

nuestra siguiente poesía.

Eres como esa lágrima que lastimosamente

va rodando por nuestras mejillas,

hasta bañar en lo más recóndito de nuestros corazones

el amor a los seres, a un nuevo día.   (J.Marc.)



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