Santiago Miranda

Aproximación al método mitológico

Yo, siendo hombre ya fui, extendido sueño

Oculto en la latitud oriental de estratagemas

Al ocaso de silogismos y  razonamientos, intuí

Siendo mariposa arder en pleno vuelo

 

Excavé, en el sueño, de las primitivas ciudades

En las iris (tuyas), proclamé extinto mi reino

En el reflejo, todo lo visible para uno es del otro

Que hubo por venido o vendrá atrás algunos años

 

La ley, animal, mi principio, fui rayo, fui zarpa

En tu piel de loto, el llamado de la tribu era

Nuestro nombre, cuidábamos el amor del fuego

Y el fulgor divino fue nuestro primer cerco

                                                      Contra la muerte

 

Sentíamos el ritmo  de los elementos, y la esfera

Perfecta del día, vibraba en el interior de los cuerpos, y la esfera

Delatora de la noche, conjuraba nuestra multiplicación

A través de insinuantes deberes, a través de la perpetuación

 

Del instante, nos doblegamos a la primera sensación impresa

De lo transcendente, en ese entonces, no llamábamos

Las cosas, por su nombre, nos tuvimos que inventar

Uno al otro, uno siendo tribu, uno siendo lengua y hambre

 

Nos despedíamos de los hombres como de los días

Y así pasaran siglos para acumular un puñado de letras

Y nombrar a cada uno de nuestras cenizas enterradas

 - En el más profundo fondo, del olvido, tierra mía-

Con una estrella en el cielo, lo recuerdo, luego lo olvidamos

 

Nuestro viaje era guiado entonces, por los relatos

En las estrellas, una familia, un padre, una madre, un hijo

La caza, la guerra, la ley lapidadora del castigo, el cielo

La lluvia, el prado, el bosque, el búho, el venado, el cuervo

¿Qué animal te gustaba cuando niño? Recuerda.

 

Hubo un tótem en la tribu, alto como un roble, sabio

Silencio de los entes, protección y silencio, hubo

Armonía antes que hombre, respeto, hacia el lazo

Hacia la sangre de múltiples colores que nos ata con el medio

 

Pernoctábamos bajo las estrellas, manto eterno, vida

El jardín del edén proyectaba los frutos maduros

Hacia el final del infinito, todo se acababa por no

Falta nada en el deseo, salvo que esta caza casa-miento

 

Algo, que aún no recuerdo hubo de golpearnos

Un recuerdo de hambre de muerte o angustia

Frente a la desaparición de mis hermanos

O la culpa de la destitución del orden originario

 

¿Padre, era, dios? ¿o un titán desalmado?

Bien, no lo recuerdo, pero tengo fugaces visiones

De instantes, a instantes saltamos, siendo y dejando

De ser siempre o nada los mismos, los absolutos

                     Son o no válidos, pero sí, absurdos.

 

Este canto ya estuvo dicho, recuérdalo hermano

Llevas piezas que yo no cargo, llevas cantos

Que esperan ser cantados, déjame ser

Tu pálido reflejo en el agua, déjame

 

Llenarte de mí y ser devuelvo, al océano

Que lleva su trémulo cuerpo hacia el espacio

de los muertos y el olvido para volver

a ser irrupción, renacer idea

del pasado



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