Sobre

Un viaje lejos... sin mirar atrás.

 La luz de los faros de la ruta me desvelaban paulatinamente bajo el apoyo de una intranquila alma. 

 Los rechinantes ruidos del amortiguador derecho-trasero del viejo colectivo me incomodaban bastante.

 De repente el estremecedor llanto de un niño rompió la poca paz que yo cargaba y fue el detonante de una gran lágrima que rodó por mi mejilla izquierda.

 Y mi olfato estaba al borde del colapso culpa del viejo gordo del asiento de al lado que olía a cebollas y ajo. 

La cortina estaba rota, los auriculares los había perdido justo ayer, y claro que un barbijo no llevaba... igualmente todos estos "problemas" solo eran gotas que revalsaban el vaso, gotas como las que caían de mis mejillas y me humedecian la ropa. 

 

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