Jorge Brindis

Un hombre desterrado

Los hombres que sin alma deambulamos,

no podemos nuestro cuerpo descansar.

Sin saber el destino, ni sus nombres

sentenciados estamos a navegar.

 

No hay desgracia para un hombre desterrado,

pues la muerte le ha alcanzado en el lugar.

La soledad superpone cada paso 

y el sujeto ya no existe en realidad.

 

El destino es imposible a nuestra mano

y la meta es absurda, no hay lugar.

Con los sueños rotos a nuestro costado

y la ambición del camino retornar.

 



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