Ludvaldo

DIDO A ENEAS (SONETO)

¡Oh, pérfido troyano cuan hermoso,

de encanto varonil ejemplo eterno,

 ¿por qué me abandonaste en este infierno

de amarga soledad, en este foso

  

profundo, oscuro, frío y angustioso,

en esta copia del terrible Averno,

después de haberme dado tu amor tierno

e incluso que el Elíseo más gozoso?!

  

¿Qué alma de mujer sería tan fuerte

como para no hundirse, tras perderte,

en este abismo de insondable pena?

 

Ni una mujer con alma de sirena

podría resignarse a no tenerte

si alguna vez de ti se sintió llena. 

 

Osvaldo de Luis

Comentarios1

  • Peregrina

    Muy bonito...!
    Un gusto pasar a leerte...
    Saludos amistosos de
    Peregrina

    • Ludvaldo

      Muchas gracias. Un cordial saludo.



    Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.