José Esparza

Lluvia de verano

Aquella noche se me rompió el alma en mil pedazos,
mientras oía fantasmas reír en mis tormentos.
Y sentí la misma soledad de aquella vez,
al comprender que no eran más que viejas sombras.

Susurré al tiempo que se detuviese un momento,
pues quería entender qué es lo que estaba sucediendo.
Y aprendí que no puedes detener algo en su cauce,
por más que lo quieras observar detenidamente.

Solté mis rodillas y observé mis aposentos,
y me acerqué lentamente a la opaca ventana.
Y observé a la lluvia caer sobre el pavimento,
con un mundo en la garganta a punto de estallar.

Así escribí la última carta aquella noche,
con el corazón en la mano y el alma muriendo.
Y cuando estuve a punto de finalizar,
las sombras callaron y escaparon de mí.



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