Araceli Vellber

Café para dos, sin ser dos.

 

Una mañana no amanecerá

la sonrisa de tus labios,

asomada al precipicio de una taza de café,

el azúcar no endulzará tus ojos,

la leche no pintará de blanco las paredes

y la cucharilla no jugará entre tus dedos y tus sueños

y aquella servilleta,

no servirá para recoger los despojos de la lucha,

porque una mañana no amanecerá,

café para dos

y las tostadas se quedarán en la nevera

y tú necesitas tiempo

y a mí me sobra miedo

como a la fruta, el hielo

y vago lentamente como los caracoles

escondidos en su concha

que últimamente se ha convertido en mi oficio.

Antes teníamos el equilibrio perfecto

para ejercitar piruetas encima de nuestros besos

ahora me queda morir con la pena

de saber que no hay nada.

Una mañana no amanecerá

café sobre taza

taza vacía

y la mirada perdida

quien sabe donde

o detrás de aquel sobre de azúcar

que siempre decía:

Como todo en tu vida.

 

 

 

 

 

 

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