Mallez

A Griselda Sesento García

 

¿Y has de privarme de ellos
con tanto recelo y enojo?
¿Acaso ignoras lo tierno, lo bello
y lo arcano que hay en tus ojos?

Abre esas puertas, sé sencilla
y cálida como rocío matinal.
Son ellos faroles donde se apostilla
tu alma perfecta llena de bondad.

Y ya cuando sonrías a tu antojo
y se separen tus labios
nada habrá más bello, nada más tierno,
que mirarte a los ojos.

Pero ábrelos y mírame sin prisa
como quien va por la vida ufano.
Niña, ¡no sé qué tienen tus ojos
pero al verlos me han cautivado!

Entonces de frente hallaré tu sonrisa
y olvidaré todos mis abrojos.
¿Aún quieres privarme de ellos,
ignorando lo bello que hay en tus ojos?



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