Ludvaldo

AMANECER (SONETO)

Entre dos riscos de imponente talla

asoma la mañana sus albinos

cabellos, que destellos diamantinos

producen en los muros de la falla.

 

Del bosque umbrío en la frondosa malla

de robles, de abedules y de pinos,

el mágico concierto de los trinos

alegres de los pájaros estalla.

 

Ya libre del glacial y fosco velo 

nocturno, se ha fundido el arroyuelo

y nuevamente el agua fluye en calma.

 

Despierta el mundo con potente anhelo

de vida y gozo, pero el duro hielo 

de mi tristeza aún me aplasta el alma.

 

Osvaldo de Luis

 

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    La pluma y la poesía son dos inseparables complementos que saben escribir los buenos sonetos estimado Luzvaldo...
    Un grato placer su lectura...
    El Hombre de la Rosa

    • Ludvaldo

      Muchas gracias, Hombre de la Rosa.



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