Julián Valdés Vásquez

Una balada

Se diluía su sudor en el mío;

nuestros labios tan cerca, nuestras miradas tan ajenas,

palpité sus rizos aroma de azucenas,

recorrí su cuello para saciar su frío.

 

Temerosa me abrazaba con recelo,

mis manos casquivanas yacían en su espalda,

primorosa y tímida acomodaba la falda;

miserable lecho de salaz terciopelo.

 

Tambaleaban sosegadas sus caderas,

me embriagaba el fértil de su danza,

contemplé embelesado la desnuda quimera,

vislumbré en sus ojos aguas fogosas, aguas mansas,

inmersos en una balada ávida de nuestras penas,

la fosca del páramo, el fulgor de la primavera,

comprendí que le quería bajo la luz de la luna llena.



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