DavidNK

No hay tiempo. Prosa

Deberían los años devolver por sus soles y sus lunes, devolver tiempo pos sus nublados, sus tormentas, y sus gélidos amaneceres que detienen nuestra sangre.

Vivir en un costado del camino, detenido por tener las manos llenas de la absoluta nada de hojas perdidas en el camino, de un libro que nunca termina, y mil veces se comienza por primera vez.

Los ojos se nublan cuando tratamos de comprender lo visto, aquello que pasó y no es más, hoy que algunos vuelven cambiados por los años, e intuir las sobras de los que han de visitarnos sin comprender sus voces ni sus escondidas intenciones.

No hay suficiente tiempo para aprender, y prender a nuestro corazón las cosas obtenidas por premios a los logros, a los aciertos. No alcanza, el huracán de los años, son demasiado veloces, para celebrar por la buena vid, las flores perfumadas.

Es mayor el mar que en sus olas gigantescas llenan con yodo y sal las heridas que recogemos permanentemente, en el hecho de aprender dolorosamente.

No toda esa escuela es dócil y paciente. Con pesados yunques, golpea hasta que nuestra sangre desvanece por tanto dolor, y las cosas nuevas, entran por mayor fuerza, dejando grietas que nunca cierran.

Aquellas que son perfumases, nubes de suave acogida en nuestra dócil forma de saborear cada mota pequeña de miel joven, no tiene mayor tiempo. La abalancha de sus otras primas pulverizantes, dejan de aquellas un eco apenas perceptible.

No hay mayor tiempo. El reloj inexorablemente no se detiene por lágrimas y desgarros de dolor y desesperación. Como tsunami  arrasa con todo. Y nosotros, ya no en un costado de la senda de la vida, en medio de la corriente, somos arrastrados con los deshechos de las esperanzas, sueños, y recuerdos.

Ya no hay tiempo. Mirar hacia el cielo pidiendo clemencia, es ver con ojos ciegos por la falta de aire, y esperanza.

Tiempo para ver hacia adelante, difícil obra.

Tiempo para mirar hacia atrás, fácil pero impráctica.

Tiempo para ver hacia los costados, poco ayudan en nuestro derrotero.

Solo mirar hacia adentro, y buscar en las gotas de nuestro ser, el fundamento primero de lo que somos. De lo que soy. No soy ajeno de este pesar, pero, en la aventura quijotesca de pelear a la desventura, esta la razón de vivir.

¿Recompensa? Una sola: "He hecho lo mejor que pude". "No bajé los brazos". "Enjugue mis lágrimas, soporte los dolores, y continué caminando sobre brazas ardientes".

¿Destino? No importa, pero, el mejor factible, es, mi corazón abrasa todo mi cuerpo.

Si hay tiempo cuando quien conduce tu vida es el corazón y no la mente.

Si hay tiempo cuando el perdón es la segunda ley que hace a tus años.

Por eso, sigo navegando en un mar tempestuoso, no reniego ya de él, pues, tengo mucho tiempo para perdonar y solventar mi esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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