Alberto Escobar

Sebastián

 

 

La náusea se apoderó de Sebastián tan solo posar
el primer pie en el escenario.
Él siempre confió en la capacidad de su lira pero en ese
momento... no tenía explicación...
Su alondra siempre dispuesta a cantar, aunque no fuera
de mañana, se hizo de rogar esa misma noche, cuando 
más necesitaba de sus trinos.
Se sintió como desvalido desde la primera nota pero se 
revolvió contra la desgracia que se atisbaba próxima,  
invocó a lo más acendrado y profundo de su arte y, 
finalmente salió airoso del enorme trance; era la prueba
del ser o no ser en el mundo de la Lírica.

Aunque a la luz de las candilejas se sentía siempre como 
en su casa, Sebastián, esa noche precisamente, se supo 
huérfano, como el bebé que es abandonado por su madre 
al socaire de las estrellas sin otro motivo que la sinrazón y
el ofuscamiento.

Cuando terminó su aria favorita, Nessun dorma de Turandot, 
las flores volaban sobre el lugar que ocupaba en el escenario 
como las langostas mosaicas que salieran en tropel sobre la 
ansiada cosecha. Fue como elevarse a los cielos y recibir de 
Dios la gnosis esencial del Universo, repleta de perfumes e 
inciensos solo reservados a los que besan la magia de la
excelencia.

Pronto se dio cuenta Sebastián de que el cielo no existe y
que la mentira es nuestra mejor compañera, porque aunque 
sea hostil es verdadera.

Comentarios2

  • Nipur

    Que historia y que final!!!
    Todos los artistas que pisan
    el escenario deben sentir
    algo muy mágico dentro suyo.

    Saludos amigo

    • Alberto Escobar

      Gracias por tu visita Nipur. Así es. Saludos

    • kavanarudén

      Sentido y profundo.
      Una historia que conmueve.
      Me has traído gratos y emocionantes recuerdos poeta.
      Un relato que tiene alma y que sabe llegar y tocar fibras. Lo digo de corazón.
      Un gusto leerte
      Que tengas un feliz domingo

      • Alberto Escobar

        Gracias Kavi por tus amables palabras.Me alegra tu vuelta. Un abrazo. No dudo de tu sinceridad, dudo en creer que lo que hago tenga la dimensión de los elogios llenos de corazón que recibo. Otro abrazo de propina

        • kavanarudén

          Pues no dudes de ello Alberto.
          Llegas y es la verdad. Cuando se escribe con el corazón, con el alma, se llega, sobre todo a quien menos lo piensas y más lo necesita.



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