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Mi amigo el muerto.

Otra vez el muerto presente
aquí a mi lado, hablando, dictando.

La vida es breve dice,
-“el corazón se acelera en lo importante,
se detiene en un instante
y extrañas el calor ausente”.

Soy un muerto, soy un vivo
sé que soy vivo por que lleno el folio,
sé que soy un muerto por que me habla mi amigo.

-“Extraño los besos que no terminan
mover mi pasión en otro ser,
bailar al ritmo del amor,
extraño vivir, amigo, ¡subsistir!
enfrentar el bendito dolor,
¡hazlo por mí!”.

Escribes y escribes, me dice:
-“no llenas ni una cuartilla
con algo que sea de valor,
gasto mi voz aconsejando,
gasto mis recuerdos iluminando,
provocando tus pensamientos
alborotando tus adentros milagrosos
los demonios que guardas dentro,
aniquilar tus aburridos recuerdos,
llenar tu sesera con algo antiguo,
con lo más excelso y bello”.

-“Eres un poeta de cuarta,
un escritor de quinta,
el papel llora al sentir tu bazofia,
pero que le vamos a hacer
eres tú y soy yo en esta historia
cruel y maldita historia,
aquí en este verso triste,
lastimera estrofa que grita
por formar parte de nada,
por grabar en papel mis añoranzas,
las ideas idiotas de un muerto
que habla con un inútil
que no piensa y que muy apenas siente
que se agobia por una sonrisa
y unos ojos verdes”.

Los muertos hablan,
mi muerto habla
y en ocasiones canta,
me alegra y por eso lo dejo aquí,
aunque lo único que diga
es lo inútil que puedo ser,
lo mal escritor que soy,
aunque es verdad,
aplico contradecirlo
para sacar su odio más divino
y encontrar palabras que me describan
como lo maldita y estúpida
persona y poeta que soy.



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