Alejandra Metzwey

PLUMAS Y EL LEÓN

Han pasado siete lunas y la tarde nunca llegará.

En el día siete se cumple una la noche del espejo.

 

Ante ti, postrada con siete plumas,

 sostenidas por mí pico adolorido y las alas desnudas

con éste frío en el espejo,

sostenías al mundo con una rosa blanca

prisionera de tus dientes.

 

Muerte a la tristeza, cumpliría hoy un día más.

El rugido del León hambriento de soledad

ha despertado a la tristeza.

 

Mi alma perdió la llama, se apagó la voz.

Alas mutiladas por el silencio,

un plumaje descolorido,

las hojas del árbol me abrazaban

el invierno me desprendió.

 

El árbol mira al horizonte

con el rugido del León detrás de sí

Danzo cerca al nido presa del temor

las garras del León esperan esparcir colores en el árbol

con el polvo de mis plumas.

 

Ésta mirada de pájaro herido

acompaña a mi cuerpo en las frías sábanas

en busca del reflejo de aquellas ramas

que un día fueron siete,

hoy dejaron de ser mi hogar.



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