Ezer Cohen

OCCIMAR

Corrí tras ella esperanzado,

Cuando dobló la esquina del tiempo en silencio.

Era su sombra, yo lo sabía. El ángel de su oscuridad.

¡Qué sentimientos tan extraños se derramaban en mis entrañas!

¿Quién eres, Occimar?

¿Eres acaso el quinto punto cardinal?

¿Ese lugar en el cielo que contiene toda la verdad?

Cuando pienso en ti, el rubor apaga mi entendimiento.

Tus alas me llevan adonde nace la luz,

Adonde la vida es eterna, y no existe lo incógnito.

Tú eres el lugar sin más allá.

O, ¿Eres acaso el burgomaestre de una nave espacial,

navegante sin fin por el fluido éter?

O, ¿Eres el trompetista de lo divino que todo lo creó?

Dueño de los misterios que deseo revelar.

¿Qué harás cuando alcance tu sombra?

Quiero que vengas a enriquecer mis sueños.

Quiero que ilumines con sabiduría mi espíritu.

Quiero que me enseñes el camino de la felicidad,

Siempre fugaz, efímera, breve, y esquiva.

Como tú, yo también nací con mi Occimar.

Pero como a ti, no me es fácil encontrar su lugar,

Aunque tú y yo sabemos que está dentro de ti.

Cuando la tristeza te gane, acude a tu Occimar.

En él encontrarás el sosiego que te hará flotar

Sobre las tranquilas aguas de lo sublime.

Ya que tu Occimar es el centro del alma universal,

La que alimenta todos los rincones de tu espiritualidad.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.