Ezer Cohen

BIPOLAR

Me dicen que soy bipolar. ¡No lo creas! ¿Qué saben ellos del fuego de mi pecho? ¿Qué saben ellos del abismo de mi cama? Sólo yo sé lo que siento, y ahora quiero compartirlo contigo.

POLO NORTE

Un firmamento de luciérnagas peina mis cabellos.

Cada salto que doy se pierde en el insondable.

Mi pecho se derrite en un estallido de amor.

Siento cómo la suerte me envuelve con su manto de estrellas.

El verde de mis campos se estremece con mi amanecer.

Todo, todo está inmerso en el agua dorada que se evapora.

La espuma del deseo galopa en un universo de amores.

En el carro de mis palabras llegarás a lo inaccesible.

Los anhelos se cubren de rojo, y mis deseos, de oro.

Las constelaciones danzan al son de mis sentimientos.

Nada está quieto en mi mundo lleno de signos azules.

El perfume de mi bosque me trasporta al mar de los piratas.

Las monarcas de mi jardín crean un flujo de alegres amapolas sobre las piedras de mi camino.

Los cantos saltan por los montes, alegres y juveniles.

La transparencia de la mañana se hace perenne, dando calor a mi vida.

No hay sombras bajo el sol de mis ilusiones.

Como salido del túnel de la ignorancia, ahora veo la luz de mi sendero.

Cuando salgo a la vida pura del mediodía, los trinos resuenan en mi pecho, anegando mi corazón de esperanza.

Y la dicha me llega en las tardes, cuando los colores se tiñen de rojo.

Duermo al sereno para recibir la fuerza de las constelaciones, que me hacen parir miles de anhelos.

POLO SUR

Un negro cielo se cierne sobre mi alma.

Estoy inmóvil, atado a mi cama con fierros candentes. Y siento que el peso del Universo me aplasta contra ella.

Los sueños me han abandonado.

Mi pecho se estremece con las señales de la muerte.

Los colores se han fugado de mi sentir, abrumados por una noche sin ecos ni estrellas.

Allí veo mi cuerpo, caído sobre el catre de mi cuarto, y sé que no me pertenece.

Mis brazos no están motivados para sujetarme, y por momentos percibo cómo desaparecen.

No intentes salvar mis lamentos, no pueden mantenerse junto a ti, cayendo en una espiral hacia el abismo de lo insondable.

Tú no sabías que la esperanza tiene alas, ni que se ha ido por la ventana de mi vida gris.

Vuela tú también, le pido incansable a mi alma. Pero no tiene las alas del amor ni conoce el camino de las estrellas.

El plomo es la imagen de mis sentimientos, el símbolo de mi acontecer.

No quiero cantarle a la muerte, aunque la percibo de cerca. No quiero entregarme a su inexorabilidad, ni siquiera por una promesa de paz que tanto desea mi suerte.

Déjame, no te acerques. Pero no te alejes, que no puedo perderte. Tu presencia me disturba, pero no puedo vivir sin ella.

Huyo de la gente, sin conocer el rumbo que me aleje de ella.

Acabo de romperme en un centelleo de deseos fugaces. Sin que lleguen más allá de la piel que me sostiene.

Déjame ya, que sólo siento el sueño de todo lo perdido, por el deambular de una vida sin destino.

¡Déjame ya!



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