Santiago Miranda

Conócete a ti mismo

 

"Cada uno debe trabajar en su propia salvación"

 

La torre de Babel divína
cada sonido al sentido amputado
cada uno es quíen deba explayarse ahora
ante el uno, el gran UNO que uno carga
todo recuerdo desmemoriado

Inscrito en los portales de tu coronilla
frente incrustada de diamantes. por la mirada
Señalan los cuatro verbos de la extinta rosa
Y del espinado viento; Búscate entre los fragmentos

No permitas que te sepulten en la orden cotidiana
aléjate hacia el cuarto oscúro, enciende la propia
luz de tu mirada, hay estrellas dentro de esa sangrante
vasija de la técnica y método, cuestiona tu posición
suspende todo juicio, sondea el germén como un niño
juega en el límite de lo bueno y lo malo y define
qué es lo bueno o lo malo y qué es ser o qué
es lo que ha sido

Indaga tu origen a la fuerza
Creadora que llevas dentro 
(Los mares de tierra y personajes
Dentro del mito escrito en aire que respiro)

El amor es aire, que irrumpe todo espacio
y en la carne y se trastoca en hálito divíno

Recupera a tus muertos que cargas dentro
Siempre en lo futuro como posibilidades

 

II

 

Y de la ruina rescataste un signo
aquí hubo el zozobrar de una barca
aquí continuaron el canto en lo marino
aquí encadenaron las muñecas y patearon las entrañas
en este regimiento con las botas reventaron los rostros del sueño
en esta academia legitimaron su delito y nos enviaron a sus fábricas
en esta capilla inducieron el fuego eterno y la culpa agolpada en el deseo
pero de la ruina rescatamos entonces un signo

Amor, aún recuerdo cuando vestíamos otros rostros
cúando aquella tierra era refugio de otro nombre
y bandera, no había sino paisaje y tomábamos todo
por que todos nos perteneció en algun momento
hemos sido tanto y luego seremos, pero amor
lo único fundamental fue replegarnos en la consciencia
idéntica en lo extraño, cuando ambos éramos uno, amor.

De antaño, ahora comprendo el bagaje ambiguo
hubo un dudoso trazo, un vaivén nocturno
no hubo sino incertidumbre y esperanza
dos espejos cada uno en cada palma cada lucero

Y qué importa si fui o no
si fuimos un proyecto propio o un delirio
quién sabrá si verdaderamente fuimos
pero jámas del todo hubo un ser definido
ni en el último suspiro pretendí entregarme domado
cúando lo que conocimos fue un movimiento, un disparo
zigzagueando el infinito, mañana no adivino, cuál herido
por nuestros amores saldrá de aquí agitando
-una bandera blanca, una negra-roja-
serás la nueva amante o yo el viejo pasado
serémos nuevos y todo nuevo dolor será aguantado



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.