José Antonio Vilela Medina

Flor blanca

Un páramo azul

un océano color arena

una gardenia en el frío glacial

el sol en la oscura noche

la luna en el claro día.

 

Tus labios estaban fríos,

fríos y resecos,

echada en mí regazo

sin ganas de levantarte,

ni la mirada, ni la sabana alba.

 

Y de los faroles

Brotaron escarchas

que rasgaron el suave lino,

de tus ojos color avellana

tornándose rojos,

rojos, pero no de pasión,

de esa pasión que;

que en estas mismas

sabanas albas,

nos hacíamos uno,

donde se confabulaban

en tretas infatigables

las diosas y dioses lascivos.

 

¡No!, ¡no!  era este color,

era, diferente;

era un rojo de vesania,

donde tu mente en

sus devaneos iba y venía;

nombres, recuerdos,

existencias, que musitabas

como hablando a la oquedad,

¡Flor! ¡Flor! en mi regazo

quedaste quieta, en paz,

y tus ojitos a su color

avellana tornaron, descansasteis.

 

El páramo fue color arena,

el océano celeste transparente,

las gardenias en los días cálidos,

el sol en el día,

y la luna en la noche oscura.



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