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El rayo que no cesa.

El rayo entre tus pupilas deslumbra mi existencia
en tus ojos se forma la vida simple, pura y bella.
Cada lagrima que cae de tu pupila es bendita,
si toca el suelo florece una margarita cósmica.

Cuento en las arrugas de tu piel historias de trabajo,
sacrificio que se encuentra grabado ahí en tu ser,
tatuajes que no se ven a simple vista, pues eres tú
la mujer más compleja, totalmente bella y eterna.

Mientras se menea la marea de tu melena
se forman rumores que rompen el silencio
del alma mía, se turba, se vuelve roja ardiente,
como si estuviera totalmente en llamas, resplandeciente.

Me doy cuenta que en tus formas no hay ficción,
eres real, tan real como el amor que me inspiras
en el océano de palabras sagradas, que proclaman
siempre la furia y el ruido de mis agallas.

Guardo en mis noches el recuerdo de tus sonrisas
por si algún día no te veo, tenerlas ahí a la mano
siempre plenas y dispuestas a alegrar mi sueño,
ya sea dormido o despierto, es lo mismo,
seguiré iluminado infinitamente por ellas.

Cuando la luna se muestre en el escenario
de tu amor, me gritara y dirá que eres un todo,
un universo repleto de enigmas, dispuestos
a ser descifrados por mi noble sentimiento,
sobre todo por mi fervor a lo profundo de tu esencia.

El rayo que no cesa seguirá ahí en tu finura,
deslumbrando cada arista divino de tu figura,
resplandeciendo los recovecos de tu locura,
iluminando la vida que compartes e inspiras,
opacando a la soledad y su envidia, con él rayo
aquel que emana de tu piel invisible galáctica.



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