Necrofagotimes

Como un cristo Redimido.- (31/01/2017).-

Puro es, entre tus inquietos dedos, tu cielo azulado
Y mis pies, que como peces, van dibujando tu pulso leve.
Todos somos farsantes hasta que nuestra verdad nos releve,
Hasta que alguien logre vernos como nadie nos haya mirado.

 

Todos los gestos van por el agua, jugando a sobrevolarnos,
Posándose en el mero reflejo de nuestra cripta de bocetos.
Vos tan pacífico, yo casi atlántico. ¿La medianera de concreto
Levantada por ancestros fue quizás para encontrarnos?

 

Desde puntos tan remotos, entre todos los astros que arden,
Dos ávidos disparos tejen a su pasar estos eufóricos precipicios.
Te miro al revés y escuecen como timbales tantos intersticios,
Que, contra las vértebras del mundo, nos fusilan esta tarde.

 

Estos pájaros que trinan debajo de mis párpados abiertos
Por las noches devorarán -¡Y con vino!- tus trigales.
Se tienden, extenuados, sobre las campiñas boreales
Nuestros miles de esponsales, ens(o/a)ñados, como muertos.

 

Ay de Sísifo y su tembloroso juego de llanuras asustadas,
Ay de las hondas cisuras, de las ciegas circunvoluciones.
En el mismo hemisferio se levantan las naciones
De las lenguas, de los verbos, del Costado, de la Llaga.

 

Por mi parte, mi presencia es como un juego
Que se gana si me pierdo entre cadáveres y su tiempo.
Por la tuya, como un faro, desde lejos te contemplo,
Das luz con la oscuridad que, despacio, vendrá luego.

 

Todas las huellas en la tierra ya han sido pisadas
Por colonos que erigieron monumentales oraciones.
Empero, caminante, propaga alegre tus canciones
Con tus vísceras, con mi voz, con las lágrimas derramadas.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.