José Antonio Vilela Medina

Tus labios

Tus labios encarnados aconsejan,

y a veces susurran melancolía y pena.

 

Mi paso cansino,

la mirada fija en el vacío,

entrando a mi lar

las flores marchitas,

un pétalo en el cristal.

 

Tumbado en cama

a través de la ventana

nubes acurrucarse, grisáceas,

el gorgoteo de la lluvia,

y de cúbito prenatal

añorando el vientre maternal.

 

Tus labios encarnados meditan,

y a veces susurran lúgubre oscuridad.

 

Relámpagos centellean,

palpitan estrepitosos,

como la ira de los mundos

de un mundo,

y en cada palpitar luminoso

sombras de angustia, sombras

de miedo, sombras de un pasado pesaroso.

 

Tus labios encarnados callan

y a veces susurran silencio, silencio.



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