Enrique Dintrans A.

¡AY HERMANA LUNA!

Cuando pasa la silueta del manzano
saltando silencioso desde sus raíces,
sin perder ninguna de sus amargas frutas;
yo sonrío.

Cuando la noche alcanza un giro en las infinitas olas
del misterioso mar de los desiertos
sin que por ello los pálidos tiburones
alcancen a llegar a las orillas,
yo observo.

Tu voz permanece activa
en el pulmón de las humildes hormigas;
Eso me reconforta.
¡Quiero aprender a apreciar
tan disciplinada música de campanillas!  

Hoy no tengo motivos para reír
y soy observador
de una luna que no es luna
y que el fuego se licúa en arco iris.  

La luna desea regresar a su antigua vestidura
y revolotea herida en un mar de lágrimas.

Siento por ella una infinita compasión
y me duele no saber darle consuelo.

E.D.A



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