argantonio

La calma

Tierra reseca, el fuego en el aire

que no cesa, puertas cerradas

en los pueblos fantasmas, donde

los perros duermen velas y las

calles respiran siléncios de abandonadas

puertas, no hay jóvenes, a penas niños

que ni entienden a los abuelos ni a sus

consejas.

Tenían que contratar orquestas para

bailar en parejas, hoy mira los tejados

y no sale humo de las chimeneas,

el cura joven recorre varios pueblos con su motocicleta.

Sabe tanto de Cristo como de Marx, a mi se me hace,

que ahora con la libertad no le atrae el dinero,

siente la proximidad, y ve en la sotana vieja,

un pasado de perdices, de paloma y de vejez

rutinárias, cuando la única novedad era la

vida y la muerte, el sol y la luna, y el triste

saludo de un perro sin dueño , y el revoloteo

de un palomar abierto, en la tarde ya no se oyen

las esquilas y ruge el tractor, ya solo el río recuerda

que es insustituible como el aire que se respira, ha vuelto

la vida.



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