Alberto Escobar

Eu GENIO Salvador Dalí



 

 

Siempre quise ser una concha más de las playas de Port LLigat
y jugar al pilla pilla con mis musas, entre ellas la diosa Gala,
la primera.
Ella vino a mi vida para convertirme en lo que soy , el pintor 
más famoso del mundo, sin ella ahora no habría llegado a las 
cotas artísticas que me adornan.
Ella me ha salvado de ser un simple homúnculo que deambula 
por los bajos fondos de lo imposible. Me gusta arrellanarme en 
su regazo y sonreirle como el gato de Cheshire, inasequible al 
desaliento ante su energía sideral.
Gala se me filtra entre los resquicios que rayan mis dientecillos
apretados como una vía de agua que encuentra salida ante lo 
estanco como por ensalmo.
Solo puedo alcanzar a rozarla por mucho que me empeño, por
que, aunque alcance a oir su voz, me siento a miles de años luz
de su campo gravitatorio.

Sueño con hacer la obra de arte que me dé una cátedra en el 
Parnaso de los pintores eximios de todos los tiempos, sería de 
orate que no aprovechara mi talento para ganar dinero, eso del
Avida Dollars es pura envidia de los sedicientes surrealistas, 
como el caudillo de todos ellos, el excelentísimo Breton, que me 
obligó a asistir a una de sus reuniones en plena vorágine vírica,
tanto era así que permanecí toda ella con el termómetro en la 
boca para estar al corriente de mi temperatura, que era lo que 
más me importaba en ese momento.

Estoy terminando mi Fidias particular y creo que le he puesto 
menos testículo del necesario. Debo corregir cuanto antes este 
error, debo añadir más pasta en los bordes para que ofrezcan la
redondez que corresponde.

Esta mañana me levanté a las doce con el regazo puenteado por
una bandeja que mi musa me ha repletado de tostadas y zumos de 
colores espectrales.

Tuve el mejor sueño desde hace unos días, tanto que me desperté 
con mi salivilla de placer sobre la comisura derecha, lo que suele
sucederme cuando el sueño es premonitorio.

Por fin me anuncian los dioses que voy a hacer la mejor película
que darse pueda en la historia del celuloide, la escena apoteósica
se desarrollará sobre la Fontana de Trevi en cuyo centro colocaré
una vieja vestida de Torero con una bandeja de Martinis, en la 
parte superior se abrirán dos ventanas con sendos rinocerontes que
se lanzarán en picado sobre la fuente para hacer acto de aparición 
junto a la vieja; el resto del film queda in albis para no desalentar
a mis seguidores.



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