Alberto Escobar

Pur ti miro...



 

 

Solo verte la primera vez, en casa de Otón,
me bastó para hallarme desposeído de mi
corazón para el resto de mi aciaga vida. 
Antes de concluir la velada convinimos
nuestro enlace.

No dudaste un instante, tu sueño de ser
emperatriz estaba a la vista, al alcance
de tus blancas manos esculpidas por el
mismísimo Fidias.

Casi no nos conocíamos, solo supimos
que nuestras vidas debían unirse por el
designio de Venus, que nos dio la venia
casi desde el primer instante.

No pude por menos de rendirme al arroyo
de mis sentimientos,que se tornó cascada
tempestuosa con el paso de los años.
Mi obsesión por ti fue creciendo más aún
después de tu muerte.

Nuestra hija Claudia tampoco pudo vencer
tu ausencia. 
Te pido mil veces perdón por golpearte
brutalmente, cuando albergabas en tu seno
a nuestra hija.

Tus insidias acabaron con la vida de mi 
madre, Agripina, y con mi anterior esposa,
Octavia, y no contenta con eso quisiste 
tentar a los dioses intrigando contra mi
adorado Séneca.

 Apenas pude soportar tu esmerado 
y obsesivo aseo. 
Nuestras asnas no daban abasto...
Quedé tan prendado de tu amor que
Esporo cargó con tu sombra.

Sombra infinita y fatal...



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