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Credo

Creo en la poesía todopoderosa,

creadora del cielo místico y la tierra engendradora,

de lo invisible a nuestros ojos,

del pensamiento pacifista entre las flores.

Creo en sus múltiples hijos,

en los que nacen por nuestro llanto,

en los que surgen de nuestras risas que vuelan por los campos,

reveladoras de secretos,

reveladoras de verdades en los misterios;

concebidas por todo aquel que ha dado la vida,

por aquel que bebe metáforas de las estrellas aun no extintas.

Creo en su nacimiento entre las hadas y los duendes de nuestras canciones en ronda,

de su crecimiento paulatino entre las ardientes auroras.

creo en sus realidades soñadoras,

en el conejo que corre con su reloj de tiempo,

en el cocodrilo que devora futuros y se concentra en los ahoras,

en las pequeñas sirenas cuyas lágrimas se deshacen con la espuma,

en los pequeños héroes que no conocen el coraje hasta que se enfrentan a la maldad desnuda.

Creo en su muerte de leyenda,

en su muerte que ataca las almas maltratadas por las fieras,

en su sepultura de los infiernos de la espera.

Creo en su resurrección de entre las piedras,

cuando se cree ya no queda nada de entereza,

en su levantamiento después de tres días o tres mil años de aletargamientos y tristezas.

Creo en su vida eterna,

en sus palabras que nunca huirán cuando regresen a la tierra,

en su mañana silvestre entre las hierbas,

en el amor perpetuo que jamás se borrará  de entre sus versos,

y que siempre caminarán sobre las letras ondulantes de mar y fuego que bajan sin preámbulos desde el cielo.



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