Juliana Agredo

AL SILENCIO, A LA VIDA, A MI VIDA.

Que sí.

 

Que he roto todos los cristales, las botellas y los vidrios.

Que me he roto a mí en medio de la ducha con el agua fría en mis entrañas.

Que las venas ya no conducen sangre sino hielo, si y no, que no me resguarda nada del frío.

Que sí, que se me han hinchado los ojos como vos no tenés una puta idea. 

Que he llorado noches, amaneceres y atardeceres, he llorado aquí, allá, más allá. Adentro o afuera. 

 

He llorado, he maldecido en la almohada, he gritado en la habitación, le he gritado a las paredes tu maldito o bendito nombre, he acusado a los pasos que me conducen a ti todas las noches, porque en todas y cada una tus recuerdos vienen a mí, o yo llego a ellos y me desvelo, me retuerzo, me vuelvo de agua, de fuego, de aire. 

Me vuelvo nadie y nadie soy.

Por que lleva más ganas el viento, la vida no se me detiene, ni un bendito paso y lo agradezco, pero te recuerdo y el mundo se desliza, por una montaña, me conduce a un río y llegás vos en medio del deseo, en medio de los sueños. El tan jodido amor que te tengo me hace frágil,  me resuena con su magia en la cabeza, me llena de pétalos el cabello que luego se marchitan y vuelven a nacer. 

 

Que sí, que la extraño infinidad de veces al día y allí muero, cada vez que la miro donde sus ojos ya no son, donde su sombra ya no habita, donde sus manos ya no están. Me muero y respiro, me muero estando viva y sintiéndome viva, con los ojos conociendo otros soles, descifrando otras lunas, caminando en el péndulo, en un desierto con las costillas a medias y un afán por beber agua siendo mi boca de agua.

 

Claro que sí, el silencio me ha consumido y en el mismo silencio me reencuentro de nuevo ¿Cómo puede ser esto posible? Estas palabras son condena y alivio. Me han desprendido el corazón del alma, la misma persona, dos veces. Aún sigo amándola, esta es mi pena.  



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