Rob Aldrin

Todavía no

Dicen que uno no sabe lo que tiene,
hasta que lo pierde.
Y uno escucha aquel pensamiento tantas veces,
y tantas veces uno lo entiende con un milímetro de profundidad.
Hasta que toca a tu puerta.
No fue necesario que me lo detallaran,
porque ahora mismo lo padezco,
y descubro que ni el más profundo mar lo entiende.
También dicen que no se puede dejar de querer de la noche a la mañana.
No pretendo dejar de quererte,
no confundas mi silencio
con no querer hablarte.
En el silencio,
uno intenta reflexionar
y cuando uno calla es porque quiere olvidar.
Creo que, tal vez,
a diferencia tuya,
yo no estoy sufriendo por arrancarte de mis días,
eso se lo dejo al tiempo y al no verte.
Y quizás ese no verte es lo que me hace sufrir demasiado,
porque va diluyendo tus caricias
y te vas yendo más que cuando te fuiste.
Tendré que recurrir a la media luna para volver a mirarte.
Y la contemplaré muchas veces
que la media luna empezará a ser solo una media luna.
Y miraré detenidamente el firmamento en la noche,
para que aparezcan las estrellas.
Serán muchas veces contándoles de ti,
rogándoles tanto,
para que vayan a buscarte con mis recuerdos.
Y así, poco a poco,
ya no aparecerán al anochecer,
y yo, cansado, ya no voltearé a mirarles.
A pesar de todo,
de que sé que las esperanzas de volver a estar juntos son inciertas,
de que algún día, aunque no lo quiera,
empezaré a olvidarte,
y tú también harás lo mismo;
solicito que quede bien en claro algo: todavía no he dejado de pensarte…



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