Eduardo Yar

Los imaginarios


AVISO DE AUSENCIA DE Eduardo Yar
Me retiro por un tiempo indefinido, quizás muy largo.
Agradezco de corazón profundo a quienes me brindaron gestos de amistad y leyeron mis publicaciones.
Que la poesía nos salve del mundo.

Tengo un amigo y lo conservo por naturaleza, porque significa más de lo que se mira con ojos de simpleza: es mi Papá. Mi mejor maestro (el único constante en mi vida). Hace algún tiempo ya - el cual no me importa medir - , estábamos él y yo echando números, ocupados ambos en repasar algunos conceptos básicos de mi formación ingenieril. Así, llegamos a los números imaginarios: aquéllos que tienen como base a "i" (la raíz cuadrada de -1). En ese momento, no me daba la mente para hacer letras, pues cuando de estudiar se trata, nada demanda más atención absoluta que los números, los fríos y precisos números.

Ahora, con la luz que arrojan los años, principiante de una nueva madurez quizá, pienso cómo se parecen los números imaginarios a esas personas diferentes; incomprendidas por el grueso de la sociedad. Los bichos raros del pueblo. Seres muchas veces señalados para evitar ver las ruindades de la sociedad misma. Muchas otras veces, ignorados porque esgrimen ideas complejas envueltas en una extraña sencillez. Pero al sabio su tiempo no siempre le da lugar; a veces, sólo la posteridad le hace justicia y se le valora como tal. Es un capricho de la vida, supongo.

Así, los imaginarios de una sociedad, son esas personas rebeldes que pisan desde su pensamiento otros planos de la existencia. A veces libertan naciones; otras veces, pasan desapercibidos rescatando a un animal en desgracia. Esos ignorados, salvan al mundo en tiempos de guerra; y su mejor cualidad de héroe, es que no les importa si se les reconoce ó no, porque una genuina humildad les curte la piel, les dispara el corazón y les derrama la voluntad de ir más allá de lo aparente.

Esos, los imaginarios, los difíciles de entender, los que a simple vista parece que no existen pero son tan reales como los números reales que llevamos en nuestras cuentas, son la reserva moral de una sociedad.

Ahora, me ciño a mis convicciones y digo: más allá del álgebra y las matemáticas superiores, nunca antes en mi pensamiento se hermanaron número y letra.

Comentarios1

  • Nhylath

    Excelente reflexión nos has compartido! Me encantó leerte! ...
    Mi cordial saludo, poeta!
    Nhylath



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