¡OJOS QUE NO VEN!
Pensamientos de una adolescente distraída
NOTA EDITORIAL: La Rebelión del Espejo
En ¡Ojos que no ven!, nos encontramos ante una pieza que desafía las fronteras tradicionales entre el relato de formación y el ensayo filosófico. A través de la voz de una adolescente que habita el vértigo de la modernidad líquida y el argot popular, el autor nos propone un ejercicio de «panóptico existencial».
La protagonista no es simplemente una joven distraída por la estética del neón; es un sujeto en plena transición que, mientras lidia con la cotidianidad de sus «cuchos» y el tedio escolar, mastica en silencio las verdades de la filosofía continental y el pensamiento crítico. Esta reedición busca resaltar ese contraste: la aparente superficialidad del consumo frente a la densidad de una reflexión que se nutre de tres pilares fundamentales:
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Estanislao Zuleta: Cuya voz resuena en la crítica al «amor a las cadenas» y la dificultad que implica conquistar la verdadera autonomía.
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Michel Foucault: Presente en la noción del panóptico y la vigilancia constante en las instituciones modernas.
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Gilles Deleuze: Evocado en las «arborescencias de mando» y la búsqueda de una identidad que escape a las estructuras rígidas de control.
El texto fluye como un soliloquio que salta de Shakespeare a las redes sociales sin perder el equilibrio, recordándonos que la juventud es un momentum de energía potencial donde se gestan nuevas formas de resistencia.
EL RELATO
Un nuevo amanecer se abre ante mis ojos. Descorro muy lentamente esa cortina que separa el sueño de nuestras vidas y, en un pausado peregrinar de disquisiciones, empiezo a organizar mis ideas. Primero, las sabidas palabras de agradecimiento por un día más; luego, las apremiantes tribulaciones de un genio incomprendido: ese vacilante calvario de lenguajes que giran como un torbellino de consortes reconciliadas. En fin, me digo: ¿qué es una bendición más o menos en los imaginarios de mi mocedad? ¿Una señal o el sino de mis propias desventuras?
—¡Cuán desagradecida eres!…—
Esa debe ser la vocecilla de papá o mamá; el vademécum de las artimañas de mi día a día, el campanario incesante en las vaguedades de mi soliloquio insustancial.
¿Quieres saber quién soy yo? Pues yo soy tú. La damisela inventada para estos paraísos de cucaña, la princesa fantabulosa de los sueños inexistentes, la bribonzuela distraída con su culto a la modernidad y su irreverente peinado de moda. Soy la última revolución de la telefonía celular, la conquistadora de las redes sociales y la anarquía de sus emociones digitales. Y como tú, «no como de nada». Soy la caminante matutina intentando desandar los recuerdos, un misterio ambulante o, quizás, «el panóptico existencial de todos los presentes».
Abro mis ojos, todavía adormilados por las iridiscencias del neón. Pinto mis labios con la fiebre del sábado venidero y, frente al espejo de las vanidades pasadas, presentes y futuras, compongo una partitura de cabellos revueltos: celestes, diamantinos, rojo escarlata, blanco estupidez... ¡Qué cosas se me ocurren! Ay parce, así somos. Mamá y papá no tienen la culpa de habernos hecho tan guau. «Marica», ¿qué te parece mi tatuaje? —para que sufras, amor—. No deseo más que mi locura. Toda una fashion, ¿no?
Este espejo no miente: somos la juventud, el furor de una época. Yo no entiendo de política, de capitalismos, de moneda extranjera ni de globalización. Esos «teoremas de la dictadura» deben ser un cuento chino para el desaliento. Tú y yo sabemos que tenemos el control; que ese cuento de la manipulación está out; que si los cuchos se mortifican por lo nuestro, no es sino armar el vídeo y todo normal.
—¡Señorita, señorita, ya es hora!— Mis ángeles guardianes, mis tormentos. ¡Qué rollo! Qué vaina con ellos, no entienden, pobrecitos. Siempre con sus consejos «para que nos vaya mejor en la vida», «para que no cometamos los mismos errores»... ¡Mera lora! O sea, no comprenden que están muy lámparas y que de esa ya no copiamos.
Espejito, espejito, ¿cuál es la niña más IN? ¡Ouch! Qué bobada, eso es solo para las nerdas. ¡Tú tranki que ya la despego!
Golpes apresurados en la puerta. Otra y otra vez. Esa es nuestra faena interminable: mis cuchos «me van a prender la radio». Es un eterno tira y encoge. No comprenden que la juventud debe vivir su propia vida, sin compliques, relajados y ya.
—Niña, que se te hace tarde para el colegio. Vas a perder clases de nuevo. Ya nos llamó el coordinador porque no van a tolerar más tus inasistencias y tus discordias con la directora de grupo. ¡Dios! ¿Qué vamos a hacer contigo?—
Bla, bla, bla... ¡Qué maricada, mera farándula! Ser adolescente es todo un tema, y esta rabia que se atora en mi garganta me hace querer explotar, salir corriendo y armarla con mis parces. Ellos sí me entienden.
Continúo escribiendo las páginas de mi diario; esta vida que se ha construido a pedacitos, un claroscuro de imagen difusa marcada por las carencias y la falta de afecto de mis progenitores. Aunque no lo parezca, sus ausencias me han tornado desconfiada, insegura, poco expresiva. Si me preguntas si soy feliz, diré que intento pasarla bien viviendo el momento, pero muchas de mis risas son soberanos escupitazos a esa colección de máscaras que intentan modelar nuestra fachada ajena.
Se me ha salido un poco lo formal; algo hemos de aprender de los mayores y de los maestros con sus íes y sus aes. Una untura, un paliativo para esta crisis. Hay tantas verdades y tantas mentiras que no en vano tratamos de construir las propias. Somos energía potencial; como dice el profe de filosofía: «Un momentum para la alteración del caos».
Estoy contigo dándole cuerda a un reloj de disparates. A veces pienso que vivimos un tiempo ajeno, un libreto escrito para opresores y oprimidos; un telón bien puesto donde la marioneta y el titiritero aseguran su presencia. Tú, yo y tantos otros arrastramos las cadenas... y las amamos. «La dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón». ¡Uff, qué fuerte! Y aunque no es mío, suena muy inclusive.
He abierto la puerta.
—Al fin, niña. Vamos que es tarde... Tu padre sabrá qué decir.—
El trayecto al cole es largo, tedioso. Papá y mamá apenas cruzan palabra. Los miro y busco sus miradas en vano. Están junto a mí, pero distantes. De manera casi instintiva, extiendo un puente entre sus manos y las mías, mientras mascullo entre dientes a Hamlet:
«Ser o no ser: he ahí el problema. ¿Qué es más noble: soportar en el alma los duros tiros de la adversa suerte, o armarse contra un mar de desventuras, hacerles frente y acabar con ellas?»
—¿Qué cosas dices, niña?—
—Nada, nada... pensando en voz baja la tarea de Literatura.—
La adolescente distraída ha llegado a su destino. Bajo un conjuro de abrazos inusuales se despide. El tiempo y las palabras parecen haber estrechado sus distancias por un segundo. Una última mirada y cada uno, por su lado, transita su propio andén de sobresaltos, continuando el viaje sobre el calco de su agónica cotidianidad.
Autor: Oscar Arley Noreña Ríos / Racsonando ando
Derechos reservados de autor
Referencias:
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El pensamiento de Gilles Deleuze y Michel Foucault en cuestión.
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Elogio de la dificultad, Estanislao Zuleta.
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Hamlet, William Shakespeare.
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Autor:
Racsonando (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de noviembre de 2016 a las 12:00
- Comentario del autor sobre el poema: Un relato sugestivo sobre la cotidianidad de los jóvenes en nuestras escuelas y colegios. Sus lenguajes, miradas, apreciaciones y reflexiones; padecimientos y alegrías. El claro oscuro del día a día que enfrentamos, al que nos sometemos en unas sociedades preocupadas por el consumismo y abandono de sus mayores Instituciones.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 57
- Usuarios favoritos de este poema: kavanarudén, Dulce, rosamaritza, jade_azul, jose miguel hernandez l, racsonando

Offline)
Comentarios5
Muy bien.
Entretenido diálogo consigo misma
Las peripecias, los pensamientos de una adolescente. Los eternos incomprendidos.
Ser o no ser, he ahì el dilema y mientras vamos siendo un mundo vamos descubriendo.
Me gustò mucho. Has captado mi atención desde el primer momento.
De mi parte un fuerte abrazo.
Feliz fin de semana hermano.
Kvi
Gracias Kavi. Has dibujado la esencia del escrito. Ser una insinuación y con su toque lietrario. Sigue siendo un borrador que pongo en consideración de quienes visitan estos espacios.
Te deseo un gran fin de semana.
Un abrazo mi amigo de letras.
¡Que buena pinta de escritor tienes! La foto y tus escritos hacen justicia.
¡De nuevo mi abrazo!
🙂 Gracias amigo querido.
Es hora de desvelar, de quitar el sombrero. Este soy yo.
Otro abrazo para ti y mil bendiciones
Saludos a mi querida Colombia. Tierra que quiero mucho y de la cual guardo gratos recuerdos.
Kavi
Amigo poeta:
Tu relato lleno de realidad.
Que adolescencia tan difícil.
Un abrazo.
Es todo un aprendizaje ir creciendo y descubrirse, todos hemos pasado por lo mismo con más o menos conciencia. Es interesante tu escrito, saludos
Gracias. Tu comentario es un valor agregado que invita a renovarnos cada día. La escritura es una voz puesta para el beneficio de nuestros otros y nuestro propio yo.
Un abrazo y mi reconocimiento por la mujer que escribe y vive.
Gracias por el comentario poeta.
Y definitivamente asì es la vida de un adolescentes, entre el claroscuro del dìa a dìa, tremendo relato mi querido amigo, cariños
rosamary
Gracias. Es una faena que diariamente enfrentamos en nuestros colegios dadas las emormes contradicciones sociales y familiares que se viven. Un tremendo "tira y encoge". Me alegta tu visita.
¡Abrazaos!
Ser o no ser? un dilema por el que todos pasamos y en la juventud es cuando mas cuestionamos. interesante lectura nos dejas. buenas tarde.
Gracias, Jade_azul. Me agrada tu visita.¡Un buen fin de semana!
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