la flaca

Dobles para escena!!

Si, estamos incomunicados, nos incomunica la idea de que la libre expresión es homologable a la falta de respeto, de que el pago por un servicio da derecho sobre las personas que lo brindan, la idea estúpida de que la información per se es conocimiento.

 

La paradoja de la incomunicación es que aumenta paralelo al aumento de los medios para "comunicarnos", pero las conexiones no nos comunican.

 

La comunicación es una capacidad de todos los animales, pero la capacidad de simular relaciones donde sólo hay  cacareos de humanidad, eso sólo lo puede hacer nuestra especie, felicitaciones sin autentica felicidad, bendiciones sin convicción, “likes” con envidia, preguntas con fingidos intereses, respuestas por compromiso, amistades sin afecto, en fin relaciones de pantalla.

 

En la interfaz, no tenemos interacción con la persona sino con lo que finge ser, detrás de ella sólo hay gente incomunicada fingiendo alegría, éxito, depresión, interés, solo hay apéndices humanos construyendo una vida para otros, y la vida real de cada uno es sólo eso, mucho tiempo acumulado detrás de las pantallas, buscando publicar el imaginario que hemos hecho de nosotros mismos.

 

Y no, no es culpa de la red, la conexión, la información, la tecnología… somos nosotros y el deseo absurdo por deshumanizar lo esencial, el tacto, la compañía, la comunicación, el tiempo, el espacio, la confianza.

 

De vulgarizar los beneficios de la era y su desarrollo abrumador, de descontextualizar la importancia de las redes, somos nosotros y la precariedad de nuestra autoestima, la inseguridad de ser uno mismo, la falta de criterio para priorizar las necesidades.

 

No, no es culpa de la publicidad, sino la falta de conocimiento, ¡ahí está! un mundo cibernético a nuestro servicio y nos ofrecemos como esclavos, serviles de tiempo completo. No es culpa del doble check azul sino de la importancia que le das, de cuánto de tu decisión se ve comprometida, de tu falta de voluntad para defenderla. No, no te jode el Facebook, ni el twitter, ni snapchat, te jode tu falta de criterio, de amor propio, tu insatisfacción con tu propia vida y tu apariencia, no te jode la publicidad sino la envidia, la incapacidad de ser feliz con lo que tienes, la falta de orgullo por lo que has logrado.

 

No es el Instagram, ni youtube,  el que te escupe lo poco notorio que eres, es la poca notoriedad que te otorgas a ti mismo, a las actividades diarias que realizas, importantes para otros pero no suficientes para ti mismo, para satisfacer  la autoestima de mierda que te has generado.

 

No es la cantidad de gente a la que no llegas lo importante, sino la incomunicación que tienes con  el inmediatismo de tu mundo.

 

Estamos incomunicados, nadie sabe si es real lo que ofrece el otro, si la pena es legítima, si el saludo es sincero, si todo ese bombardeo de felicidad existe dentro la gente, estamos incomunicados, cediendo al mundo lo privado de nuestras relaciones y al final esas relaciones quedan sujetas a su aprobación, midiendo el afecto según las publicaciones, sin disfrutar el tiempo compartido, hemos vulgarizado el lenguaje ya no nos comunica, nos da una falsa seguridad, un placebo antidepresivo que cada día consumimos y nos dura menos su efecto.

 

Nos alimentamos de lo falso, nos hacemos dobles de nosotros mismos para aquellas circunstancias incomodas, para aquellos momentos donde se quiere ser buena gente, buen hijo, buen compañero, para satisfacción propia y no por legítimo interés en los demás, no nos importa cómo están los demás pero si fingir y que la gente se entere.

 

Aprendimos a descargar dioses y hablar con ellos por la red, porque lo importante no es la fe sino aparentar ser muy cristiano, aquí en occidente resucitan a cristo en una oración viral sólo para creer que no lo han olvidado, o le piden a dios para que los demás sepan lo que están necesitando, nos hemos vuelto mendigos y proveedores de la falsa atención.

 

Estamos incomunicados, y no, no es culpa de la época sino del rol que hemos asumido en ella, usuarios enajenados, adictos a la opinión ajena, un rebaño de consumidores, una plaga de prototipos sin relleno.

 

No nos comunicamos, y lo peor de todo no es quedar incomunicados del mundo, de los otros, de las demás especies, lo peor es ésta incomunicación con nosotros mismos, tanta que ya ni siquiera nos damos cuenta ¿cuándo fue la última vez que fui yo?.

 



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